Esta es la más precisa oportunidad para imaginar todo aquello que en otros momentos nos pasaba de largo sin palmear al corazón para que se despabile y vea. Este es el tiempo que nos permite abrir verdaderamente los ojos y llegar lo más lejos posible, lo más profundo y lo más cercano también, porque lo que está cerquita, tantas otras veces, también se nos pasa de largo.

Entonces, con la imaginación dispuesta podemos creer ver a la escuela cabizbaja, con sus brazos siempre cálidos esta vez caídos a ambos lados de su fachada, como si le pesara la ausencia de todo el ruido y todo el andar de todo lo que cotidianamente tiene y vive. Así, como de brazos caídos, como de ojos cerrados como sus ventanas, está la escuela.

Y si uno imagina esa tristeza, cómo no imaginar la de todos los que diariamente son parte de la historia de una comunidad educativa que, a pleno barrio alejado, tiene a la escuela como el epicentro de todas las actividades y emociones.

Hoy sabemos que el timbre no anuncia recreos y que los guardapolvos están quietos, adormecidos de cuarentena en algún lugar de la casa. Y eso, duele. Pero eso, es parte de esta realidad que para cambiarla es imprescindible hoy estar así, quietos.

Y en el medio de la quietud, también hay quienes se mueven cumpliendo con sus obligaciones y, más que nada, con sus deseos y buena voluntad de siempre. Y piensan en su escuela y en sus más de 100 infancias, que están extrañando y necesitando ayuda.

Por eso, desde la Dirección de la Escuela Primaria N° 22 “José Hernández” -que se encuentra casi en el límite entre Luján y General Rodríguez- invitan a la comunidad lujanense que pueda colaborar con algunas donaciones que son de gran necesidad para afrontar estos fríos que ya están llegando.

Para la escuela y sus infancias

Sandra los piensa. Ella que es la auxiliar de cocina, como todo el equipo docente y directivo encabezado por la directora Mariela Tuya, piensan en ellos. Y aún cuando como se puede y hasta donde se puede están conectados de manera virtual, se extrañan. Entonces, están organizando un pedido de donaciones para llevarles, organizando también ese traslado ya que la distancia no es menor y, además, la cuarentena no permite un ir y venir constante.

“Vehículo tenemos, pero hay que ser conscientes de hacer el menor tránsito, por eso estamos tratando de juntar donaciones y llevar todo de una sola vez”, nos contaba Sandra Hereñu comprometida con la causa. Y agregaba: “El otro día Consejo Escolar llevó mercadería. Ahora la idea es juntar las donaciones que podamos para cuando se le de nuevamente mercadería, y ya darle la ropa justo el mismo día así hacen un sólo viaje”.

Y ahí aparecía un listado de aquello que le dará un tanto de alivio, de sonrisa, de entretenimiento a esas infancias que ahora no están en la escuela: ropa de abrigo, calzado, mantas, juegos de mesa, juguetes, revistas, alcohol en gel y barbijos.

Para quien pueda, entonces, colaborar con algo de lo detallado, deberá contactarse al teléfono de Sandra (2323 – 362537) o a su página de Facebook.

“Ellos necesitan volver, pero ahora es mejor estar en casa. Por eso no queremos que pasen necesidades. Queremos estar desde la contención, ellos recurren a la escuela siempre. Saben que siempre respondemos. Ellos extrañan. Todo lo tienen en la escuela, ya que es una escuela con jornada completa”, decía Sandra señalando la poca y casi nula actividad comercial que tiene este barrio también conocido como Parada Granaderos.

“Y a ese barrio no va ni uno ni otro a ver, están desamparados”, remarcaba como frase final y haciendo referencia a ese destino de límite, ya que son dos localidades las que lindan con este lugar donde vive -sí, VIVE- una escuela. Y donde también hay una pequeña comunidad en la que viven infancias que hoy extrañan a su escuela… Y su escuela, a ellos.