“Agüita clara”, así se llamaba el libro de los primeros grados de la escuela primaria. Tantos años atrás que seguramente hasta están ajadas sus páginas en la memoria de aquel alumnado de infancia “setentosa”, aunque imborrable su confección: tapa tan dura que resonaba si se caía del banco de madera y jamás inadvertida su presencia marcando el peso del portafolio de cuero marrón de aquellos años 70.

“Agüita clara”… la tapa color celeste y la imagen del agua, corriendo hacia vaya a saber dónde…

40 años después, la imagen le salpica casi la vereda a la escuela donde el libro fue testigo feliz del inicio de lectura. Porque corre, ya no en dibujo de tapa sino en verdadera presencia líquida, por el asfalto. Aunque de la mano de enfrente la escuela mira el paso veloz del agua que viene con la cristalinidad de su condición de potable, hacia la boca de tormenta donde se escabulle sin ningún tipo de obstáculo.

Qué gran desperdicio. Qué invisible resulta esta avería para quien debiera solucionarla. Ya ha pasado más de una semana y la pérdida continúa con su gran charco en la intersección de Leiva y avenida Constitución, para continuar por esta última hacia la esquina de San Martín, donde se encuentra la mencionada boca de tormenta.

“Toda una cuadra de gran caudal de agua desperdiciada”, apuntaron varios vecinos, quienes alertaron a este medio acerca de la situación que reviste gravedad si se tiene en cuenta que el agua potable resulta un bien común de la humanidad y una responsabilidad imperiosa de control.

El lugar preciso donde se origina la pérdida ya fue “arreglado” en otras oportunidades. Pero evidentemente, “el arreglo puede haber sido precario, ya que otra vez el agua se escapa y luego de inundar todo el margen derecho de la avenida Constitución entre Leiva y San Martín, se pierde”, agregaron.

Ante esta situación, un vecino improvisó un montículo de tierra para que el agua no corra hasta la boca de tormenta de Constitución y San Martín, sino que caiga directo en la boca de tormenta de la calle Leiva. “Menos recorrido, pero la misma pérdida y derroche de agua. Esa no es la solución”, sostuvieron.

Por eso, los vecinos reclaman “un arreglo ya”. Porque el recuerdo del libro “Agüita clara” es hermoso, pero el agua clara que se pierde es una postal de un derroche que no debiera ocurrir.