¿Cabe alguna duda que Flandria fue el legítimo campeón del Torneo Clausura 1998? Indudablemente no. ¿Y fue merecedor del ascenso a la Primera B Metropolitana? Indudablemente sí. Porque la negrura que se avistaba en el horizonte apenas tres años antes, cuando se presagiaba la quiebra y desafiliación tras el cierre de la Algodonera Flandria, pudo revertirse y elevar los brazos al cielo, victoriosos, al sol inmenso que invadió de brillo y calidez a toda la Villa.

Y para llegar a ese presente de gloria, hubo tres razones fundamentales:

– Solidaridad: de los jugadores y el cuerpo técnico. Para formar un verdadero grupo, homogéneo, lleno de humildad, en el que todos trabajaron por el mismo objetivo: crecer como hombres y mantener siempre la convicción de jugar cada día un mejor fútbol. Como ellos lo sentían.

– Dedicación: es también hablar de trabajo y esfuerzo. De los dirigentes, esos hinchas apasionados que tres años antes vieron como el sacrificio de tantos años se hundía irremediablemente. Y decidieron cambiarlo, dedicándole a Flandria horas que estaban destinadas a sus familias o al descanso. Ellos también creyeron en sus convicciones, y lo lograron.

– Hambre de Gloria: lo tuvo la gran familia de Flandria. Dirigentes, jugadores y cuerpo técnico recorrieron siempre el mismo sendero, el que llevaba al éxito. Tal vez sin darse cuenta. Y la virtud fue trabajar con humildad, pero sin quebrarse ante la adversidad. Jugándose, equivocándose, volviéndose a equivocar, pero realzando siempre los errores para aprender de ellos. Esa fue, quizás, la esencia que los llevó a escribir su propia gran historia. Y quedar para siempre en el recuerdo de todos.

Voló hacia la gloria

Con mucha entrega, orden táctico y contundencia, el Canario venció inobjetablemente a Ituzaingó en las finales por el primer ascenso a la B Metropolitana. Con el 3-0 del partido de ida y el 2-0 de la revancha, Flandria demostró que fue el mejor de la categoría. Y más de 5.000 hinchas coparon aquel 28 de junio de 1998 Campana, improvisaron una caravana impresionante en el regreso triunfal y gozaron hasta la madrugada en la sede del club.

21 de junio de 1998

La obtención del torneo Clausura 1998, el 13 de junio, ya era parte del pasado. Y llegaba el momento de dar el paso más importante, el último hacia la gloria definitiva. La gente llegó desde Jáuregui en gran número hasta la cancha de Estudiantes de Buenos Aires, presagiando el ascenso tan esperado. Y el equipo le respondió con un triunfo espectacular. Porque con sacrificio, oportunismo y mucho orden, Flandria no le permitió a Ituzaingó adueñarse del protagonismo.

Es cierto que aquel día el Verde puso la pelota contra el suelo y con la sociedad que formaban Maidana, Bivona y Bazán dominó el trámite en gran parte del juego. Pero hasta ahí nomás. El Canario no se refugió en su área ni fue al ataque haciéndose el lírico. Esperó bien plantado en el medio, achicando los espacios y cerrándole todos los caminos a Bivona, el más claro del local.

Leonardo Basso define con categoría el segundo. Fue su tarde de gloria.

La solidez defensiva y el orden táctico que mostró en la línea media Flandria, esperando y presionando en el momento indicado, abrieron los espacios que los delanteros no desaprovecharon. No fueron muchas las posibilidades, pero tampoco se equivocó. Y demostró que el oportunismo y la contundencia eran también dos de sus virtudes. Así, pegó dos veces en el momento clave y lo liquidó. Cuando todavía se estaban estudiando, Pedro Nieva adelantó una pelota en el área y Dopozo lo derribó. Penal que Sergio Kaezuk cambió por gol. Y a los 2 minutos del segundo tiempo, Walter Díaz fue a buscar una pelota sobre el lateral que le quedó servida a Leonardo Basso, quien definió con categoría ante la salida del arquero Bellomo.

Ituzaingó, golpeado, se desmoronó. Creció Flandria y llegó el tercero. Pedro Nieva fue a buscar otra vez una pelota adentro del área y Medina lo bajó infantilmente. Nuevamente Kaezuk. Y fiesta en la tribuna visitante. A esa altura ya todos coincidían en que el ascenso no se escapaba.

28 de junio de 1998

El partido de ida por el primer ascenso a la B ya había pasado. Pero los festejos habían continuado durante el transcurso de la semana. Y en una cálida tarde de invierno, más de 5.000 hinchas fueron a la cancha de Villa Dálmine (en aquel momento se llamaba Atlético Campana) para ser partícipes de una fiesta inolvidable y ver con sus propios ojos una conquista impensada un par de años antes. Y en ese marco, invadieron todo de amarillo y negro, con sus caras pintadas, con gorros de todos los estilos, envueltos en banderas y agitando cientos de globos.

Y a esa fiesta anticipada de la gente, los jugadores le respondieron con grandeza. Las especulaciones previas indicaban que Ituzaingó iba a salir como un animal rabioso y que Flandria se replegaría unos metros para jugar de contragolpe. Pero Omar Santorelli se propuso mostrarle a todos por qué su equipo llegó a la final. Decidió el retorno a la titularidad de Edgardo Martini, corrió a “Lucho” Contreras a la derecha y adelantó a Walter Díaz al mediocampo. Y le salió perfecto.

Si bien Flandria no dominó a su antojo a Ituzaingó, se adueñó de la pelota y los espacios y fue construyendo una clara victoria. Por eso llegaron las dos definiciones impecables de “Lelo” Basso, por eso en las dos finales hizo cinco goles y no recibió ninguno. Por eso, indudablemente, se mereció el ascenso.

Eran las 17.30 de ese domingo 28 de junio de 1998, hace hoy 22 años, cuando el arbitro Ariel Bragazzi marcó el final. En ese momento, el grito de “Mire, mire que locura / mire, mire que emoción / es el Loco Santorelli que vino a la Villa para ser campeón” se escuchó más fuerte que nunca. Los brazos se elevaron al cielo y la felicidad se transformó en lágrimas en los ojos de esos hinchas apasionados que esperaron 19 años para volver a verlo en la B.

Y lo que siguió también fue inolvidable: jugadores e hinchas juntos en una caravana interminable que le dio un colorido espectacular a la ruta 192. La estruendosa llegada a la sede y un grito que, 22 años después, aún se escucha en cada rincón del pueblo: “Dale campeón, dale campeón…”

El plantel

Arqueros

  • Javier Cómite
  • Guillermo Asselborn
  • Ricardo Isasi

Defensores

  • Sergio Kaezuk
  • Orlando Contreras
  • Hugo Díaz
  • Walter Díaz
  • Edgardo Martini
  • José Nieva
  • Carlos Chappe
  • Mario ithurrart
  • Diego Tuis

Volantes

  • Adrián Brito
  • Marcos Dotta
  • Gonzalo Gianice
  • Alberto Menseguéz
  • Horacio Scheffer
  • Pablo Menseguéz
  • Rubén Scheffer
  • Christian Carlino
  • Ramiro Esposatto
  • Leonardo Caravajal

Delanteros

  • Leonardo Basso
  • José Quevedo
  • Pedro Nieva
  • Mariano Ramírez
  • Alejandro Campana
  • Hernán Mosca

Cuerpo técnico

  • Director Técnico: Omar Santorelli
  • Ayudante de Campo: Juan José Tenaglia
  • Preparador Físico: Marcos Gázzera
  • Médico: Hernán Mosca (además era el presidente)
  • Kinesiólogo: Chichito Sonaglia
  • Masajista: Goalberto “Nuno” Carabajal
  • Utilero: Víctor Mazzoni