Golpeadas por la pandemia las fuentes de trabajo, en el carrito se han marchitado esas flores cuando la persiana se bajó. Pero hay un perfume de primavera que persiste y tiene aroma a esperanza. Porque la florería “El Carro” llegó a su aniversario número 20 en plena cuarentena. Pero desde la base de una historia de apuesta familiar al trabajo, reabrirá como se abre, cada día, una flor.

Llegó como recorriendo un proyecto, hace 20 almanaques atrás. Detuvo sus andares de estructura de chapas y madera en esa banquina con paisaje de movimiento y ruta. Entonces, abrió su gran ventana y salió de su interior de rectángulo todo el aroma a la primavera. Y nunca fue condición el clima que giraba por fuera, porque “El Carro” siempre pudo sostener colores, amor y homenaje en cada pétalo ofrecido.

Renacieron en él los colores cada vez que un ramo de entremezcladas flores o el pimpollo de largo tallo en soledad pero íntegro, cumplía la misión extendida luego de su propia vida arraigada a la tierra: ser caricia, beso, recuerdo, homenaje, ofrenda, regalo, presente, ahí donde llegara como símbolo de la gente cercana a otra gente, o al más entrañable recuerdo de otra gente.

Y “El Carro”, ese tradicional puesto de venta de flores ubicado sobre la ruta 192, a escasos metros del cruce con la Autopista, ha sido un pequeño espacio pero capaz de albergar grandes sentimientos, al que llegaron y llegan quienes sosteniendo una flor en sus manos, pueden decir y demostrar mucho. Inmensa misión de “El Carro”… dar materialidad a los sentimientos. Así, en una flor. Así, en un ramo.

Desde la tradición de la ofrenda de perfumada naturaleza, se desprenden como pétalos al viento las historias dentro de la historia del mundo, trascendiendo el gesto de la flor obsequiada como símbolo de amor por entre los tiempos. Por eso el oficio de la florería sostiene su magia y esparce estos gestos en cada mano que entrega a otra, esa colorida sensación.

En nuestra ciudad, el puesto de flores ubicado frente al Cementerio Parque Los Pinos fue y es protagonista de ese encuentro de amores, los de presencia y los del mejor recuerdo. Y el 1 de julio este puesto comercial de venta de flores cumplió dos décadas con una celebración simbólica, ya que permanece cerrado, siendo un rubro no esencial en medio de la cuarentena. Y con esa tristeza, pero la alegría de toda la historia de trabajo y la mirada a lo que vendrá, Mónica Tamburro -su propietaria- nos contaba acerca de estos días y los de antes.

“El puesto surgió por falta de trabajo de mi marido. Un día pasé por la puerta del Cementerio y vi que no había florería. En un inicio arranqué con una amiga, pero ella desistió a los 20 días y seguí sola”, comenzaba relatando Mónica, para agregar: “Después que se fue mi amiga trabajaba sola, mi marido acompañaba, pero él hacía otros trabajos a parte, distintas changas”, decía de ese tiempo de arrancar con una actividad nueva para sumar esfuerzo al propio de Roberto Zanuttini, su esposo.

“El carrito siempre fue el mismo. Al pasar el tiempo mis hijas y mi marido me acompañaban y me ayudaban principalmente para ocasiones como el Día del Padre, Día de la Madre, Navidad y cuando podía andar más gente. Hemos trabajado juntos en familia”. Y la postal descripta tiene la imagen de cada uno de ellos, unidos como ramo de flores.

Un hermoso recuerdo de otros tiempos

Todo lo que dice una flor

Han venido siendo los traductores de cada sentimiento desprendido en aroma. Han visto los llantos salpicando las flores, han escuchado las historias tristes pero de eterno homenaje. Han sido testigos de ese amor aferrado al recuerdo y sintetizado en esas flores dejadas como compañía por siempre.

“Hay momentos que se la pasa mal… mucha tristeza porque lamentablemente pasa gente que uno conoce de años. Y nos vamos enterando de las pérdidas o gente que pasa esas pérdidas muy importantes, gente con la que en días y a través de los años uno va entablando relaciones de cariño. Muchas veces uno presta los oídos para escuchar sus historias”, mencionaba Mónica que ejerce ese rol comercial pero de tanta sensibilidad de por medio.

“La venta en estos últimos años había bajado por la economía del país. Una flor no es de primera necesidad”, decía remarcando que los horarios de este puesto se ajustan a los horarios del Cementerio, por lo general de 9 a 18. Pero llegó la pandemia y con ella el aislamiento social obligatorio que hizo y está haciendo resquebrajar a diversos comercios.

“Durante la cuarentena flexible trabajábamos de 9 a 16 y andaba muy poca gente. Ahora en principio por dos semanas está cerrado y tenemos una sensación de gran tristeza por no poder cumplir con la gente que necesita llevarle la flor a su ser querido. Sensación de inestabilidad, miedo, porque es nuestro ingreso para vivir, para medicación, obra social, comida e impuestos. Pero a la vez alegría de haber llegado tan lejos con mi carrito. Uno quiere cuidarse por nuestra salud, pero con ansias de poder abrirlo, porque significa todo para nosotros: la crianza y educación de nuestras hijas, la felicidad de las nietas. A lo largo de estos años vivimos muchas cosas, conocimos mucha gente. ‘El carrito’ es un punto de referencia y obviamente esperamos con ansias que todo pase para abrirlo nuevamente”, expresaba.

Y en medio de esta celebración de dos décadas de su espacio laboral, agradecía “a la comunidad, a los clientes, al vecino Raúl Muzio -fallecido hace casi dos años- y señora que me ayudaron mucho y demás vecinos. Y por supuesto a mi familia que siempre me apoyó porque hubo momentos difíciles en cuanto a inseguridad que vivió el carrito, pero siempre se salió adelante, siempre a derecho y habilitación correspondiente. Tengo los mejores recuerdos de estos 20 años”.

La cuarentena bajó esta persiana también… la del carro de flores de la ruta 192. Pero hay un aroma a primavera que persiste en la esperanza que no se marchita. El tiempo de flores… volverá.

Los años difíciles