Sobrevuelan aún las cenizas cuando el viento les pone vuelo por sobre lo que queda de la casa familiar. Ahí donde hubo risas y ladridos, quedó el recuerdo de cuando todo crujió. Todo desvanecido ante las llamas. Todo devorado en un hecho tan doloroso medido tanto material como anímicamente.

Cada puñadito de cenizas que aún persisten en el predio donde la casa es apenas un esqueleto gris, es un puñadito también de esperanza no solo en la vida de Marina y sus hijos, sino en la comunidad toda, porque la esperanza refresca en todos la certeza que la solidaridad existe. Que crece cuando se la invoca. Que aparece de cada corazón con la más férrea convicción de reanudar historias, sostener rumbos, allanar caminos, crear puentes, solear días, alivianar dolores… estar, a la par.

Entonces, las cenizas se corren un poco, un poquito más y ahí gana terreno la solidaridad. Esa que en esta historia estuvo y está presente y que hoy se lleva todos los “gracias” desde las palabras de Marina, la vecina damnificada en el incendio de su casa del barrio Ameghino en el inicio de este mes de octubre.

“Las sensaciones fueron muchas, primero desesperación, dolor, tristeza y un vacío adentro que no se puede explicar. Realmente me sentía vacía”, comenzó contándonos Marina Uzzo, rememorando lo sentido ante el momento trágico del incendio de su vivienda.

“Cuando llegué a mi casa después del llamado de mi amiga, mi mundo se frenó ahí, me quise morir al ver mi casa así”, agregó y el relato nos puso a imaginar la postal del naranja dejando todo gris a su paso.

Solidaridad, algo que no desaparece

Acaso el signo del humano, humano. Del que apuesta al corazón y saca de allí lo que pueda dar. Así, a solidaridad plena, Marina y sus hijos están atravesando sus días luego que perdieran todo en el incendio… inclusive su mascota.

“Hemos recibido muchísimas donaciones, estoy súper agradecida por eso, miles de personas que se acercaron, me llamaron o hicieron lo posible para que su donación llegara. Así que sí, mucha solidaridad de la gente de Luján y alrededores”, señalaba, al tiempo que remarcaba: “No podría nombrarlos a cada uno de ellos porque fueron muchísimos y no quisiera dejar a nadie afuera, pero agradezco a cada uno que hizo lo posible para llegar su donación. Cada uno de ellos sabe y si no le agradecí en el momento, pido disculpas y agradezco ahora”.

Y dejaba un pequeño listado en representación de tanta ayuda: “La familia, amigos, conocidos, gente linda de Luján y alrededores, los Bomberos, los medios de comunicación”, gente particular, gente representando instituciones, quienes ofrecieron un pedacito de calma para la herida del fuego que tanto duele en el alma de Marina, de 33 años, y sus 4 hijos: “Kevin de 18, Ale de 14, Rami de 12 y Bau de 9. En el domicilio no quedó nadie ahora viviendo, tres de los nenes están con la abuela y uno con sus padrinos. Yo estoy parando en lo de mi novio por ahora”.

Y sumaba un párrafo haciendo referencia a la asistencia del Municipio que, según dijo, no llegó: “Me quedé en la calle con cuatro hijos y me siento muy abandonada y decepcionada”. Pero remarcaba: “Gracias a Dios tengo a las familias y amigos que me cuidan, se preocuparon y se siguen preocupando”.

Para levantar su casa, Marina está necesitando materiales de construcción y aberturas. Por otro lado, de la tanta cantidad de ropa que le fue donada, utilizó lo que le correspondía en talles a ella y sus hijos, proponiéndoles los mismos donantes que lo que no utilizara pudiera venderlo, organizando una feria de ropa para recaudar el dinero que necesita de manera urgente.

Por tal motivo, quien quiera saber día y horario de la feria, cómo colaborar con donaciones o adquirir algún número de alguna rifa que también suma al objetivo de recomponer lo material, puede contactarse al (2323) 317647.

Lo material seguirá llegando, porque para que eso suceda tiene que movilizarse el alma de la gente y en esta historia hay mucho movimiento. Ese que hizo que a las cenizas no les quedará más que cederle mucho lugar a la esperanza.