No solo es la casa esa con la puerta y las ventanas y ese patio o las plantas del fondo y la habitación propia o la vereda y su constante sonidos de pasos. No solo la casa esa, la que tiene dirección impresa en el DNI, o con el sonido en la voz que escucha el remisero cuando el viaje es volviendo. La casa también puede ser que sea de alguien o algunos más que entran y salen y no nos figure en el papel de la factura de gas, ni pongamos esa dirección cuando un trámite lo requiere.

Pero hay una o muchas casas que con pocas ventanas y capaz sin patio, con una estructura edilicia diferente a la cotidiana, es nuestra casa. Porque ahí somos también lo que queremos ser. Ojalá mucha gente tenga la casa cotidiana querida, necesaria y otra casa también querida y necesaria: esa donde se desarrolla la profesión, el trabajo, la rienda suelta del alma. Entonces, vamos a hablar de la casa que es el teatro. Cualquiera que sea. Uno de grandes dimensiones, cientos de butacas, pasillos alfombrados y un telón imponente que se abre y cierra, se abre y cierra o el otro de espacio reciclado que gestionan artistas amigos y que hasta martillan y clavan y pintan y cosen todo lo que se usa y vive dentro… “vive dentro”… hoy más que nunca comienza a revivir luego del tiempo de menos de un año pero sensación de siglos. Revive el teatro porque vuelven los artistas y el público ya está brindando aplausos.

“La sensación en marzo fue de absoluta incertidumbre y personalmente también angustia”, relata Vana Passeri, actriz, directora, artista generadora de espectáculos que detuvo su actividad cuando la cuarentena llegó para hacerle frente a la pandemia.

“En ese momento no sabíamos qué pasaba, cómo era esto, cómo iba a afectar a la actividad y, en particular, yo soy jefa de hogar y vivo de la actividad teatral”, decía sosteniendo en palabras esa sensación impensada ante lo impensado.

“En lo virtual no me hallé. Tuve que suspender mis clases presenciales porque no tengo conectividad. Pensaba que estaba quitándole la esencia al teatro. Pero aprendí mucho, ya que el Seminario que coordino -no doy clases- siguió por Zoom y con gran participación, con mucho esfuerzo de les profes y entonces me di cuenta que no debía haber dejado de dar clases. Eso sí, hice ‘vivos’, encuentros con colegas”, mencionaba la artista que nos ha sabido como público llevar por los dramas y las carcajadas desde su versatilidad y talento, profesionalismo que la encontró también en la siempre construcción de la persona: “Fue un tiempo de reconfiguración personal. Y de salir adelante. Con mis hijas, con mis proyectos. Conmigo misma. Fue intenso y profundo, pero me vino bien”.

Más que nunca decir “arriba el telón”

Aunque no sea aún igual. Aunque haya menos público que el que había antes. Aunque el escenario quede como espectador y los artistas caminen otros espacios, de todas maneras la magia real o la irrealidad de la historia contada, ya llegó y puso a las manos, otra vez, a aplaudir: el Teatro Municipal “Trinidad Guevara” conmemorando su 40° aniversario, ofreció el estreno de “Medea” el 22 de noviembre, con la dirección de Vana.

“En realidad nunca me fui del teatro. Si bien la manera de trabajar no fue la ideal, presencial y con grupos, ‘Medea’ fue un proyecto gestado en esta cuarentena. Trabajamos mucho con Santiago Rosso para que esto se muestre y tenga este nivel, aún con las dificultades del contexto. Y es hermoso y emocionante tener la oportunidad de ver tus imágenes mentales plasmadas en la escena”, decía Vana.

Y detallaba acerca de otras emociones por las que anduvo: “Estuve con algunos proyectos, pero en general me dediqué a escribir, que es una faceta bastante privada que tengo y que me sirve, ya que a partir de esos escritos nacen ramificaciones varias. Y se convierten en escenas”, mencionaba también feliz por retomar los cursos de teatro que brinda: “Es muy importante que el resultado de años y años de trabajo de hormiga de sus frutos. Estoy feliz por esta vuelta”. Y en la vuelta, siempre el encuentro con la gente.

“Al público le diría gracias, siempre. Gracias gigantes. Por existir. Nada de esto puede ser sin el público. El teatro no existe sin espectadores”.

La casa ya late con esa frecuencia que se queda aún cuando las funciones terminan… esa del “clap, clap” del aplauso. Y el arte con sus exponentes y constructores de emociones están regresando ahí… a la casa.