Una actividad con protocolo sanitario y mucha conciencia ambiental: plantación en el Paseo de la Independencia.

La virtualidad puso una nueva manera para muchos o una ya usada para otros, forma de continuar con lo que se hacía y era, todo aquello que con el frente a frente se sellaba en ese beso o apretón de manos, quedó resumido en un “like”, en un movimiento de manos con ‘delay’ de pantalla a pantalla, con un emoji de bracitos apretados simbolizando ese abrazo que sigue tardando en llegar.

Pero nada pudo contra la solidaridad, contra la organización impecable de una institución como el Rotary, que a lo largo y ancho del mundo pudo y supo cómo hacer para que la virtualidad no le sacara calidez a la acción, por eso, a todo corazón y amoldados a los nuevos tiempos, continuaron. Y así lo hizo y hace la gente del Rotary Club Luján, con un camino de decisión impostergable: la ayuda a la comunidad.

“En ese primer momento, inmediatamente tuvimos que suspender las reuniones presenciales y comenzamos a reunirnos por Zoom, eso nos llevó tiempo para adaptarnos, de cualquier manera pudimos hacer algunas actividades, por ejemplo internas: celebramos el Día del Padre. Y externas: entregamos junto con los otros clubes rotarios de Luján, en tres oportunidades, elementos tales como barbijos, camisolines, máscaras, guantes, etc. Igualmente, nuestro Club entregó elementos al Hogar Granja y la Rueda de Familia hizo una importante donación al Hospital”, mencionaba Carlos Améndola como resumen de ese inicio de la cuarentena, un tiempo distinto pero con la siempre consigna de empatía y organización, algo tradicional en la institución, la que también atravesó en esta cuarentena otro momento especial de cada año: el cambio de autoridades, por lo que el 1 de julio también los encontró tras una pantalla con esta actividad especial que -nos contaba- logró reunir desde la virtualidad a una gran cantidad de amigos.

Protocolos, acción

Transcurriendo los meses, con las diversas aperturas formalizadas con el lógico requerimiento de cumplimentar con los protocolos sanitarios establecidos, el Rotary Club Luján continuó su tarea.

“La primera actividad que hicimos fue una conjunta con los otros Clubes Rotarios, Juan B. Barnech y Julio Steverlynck, que fue la de plantar 30 árboles en el Paseo de la Independencia; se buscaron los padrinos y madrinas de los árboles, que se encargan de regarlos y, al mismo tiempo, hicimos otras actividades comunitarias”, detallaba.

Porque claro, ¿cómo detener el sentimiento de ayuda comunitaria?, ¿cómo solo cerrar una puerta y dejar de responder ante más necesidades? Nada de eso ocurrió, porque la tarea modificada tuvo igualmente impacto beneficioso ante las urgencias.

Insumos entregados en el Hospital local

“Continuamos con nuestras actividades internas dentro de las posibilidades que teníamos. Festejamos con nuestros amigos, en forma virtual, el cumpleaños Nº 81 del Club; hicimos nuestra tradicional paella con la modalidad ‘para llevar’ y, simultáneamente, comenzamos con la tarea de proveer un alimento no perecedero por mes a un comedor comunitario. Y nos encontramos con el comedor nocturno ‘Granito de Arena’ del barrio San Jorge, que aceptó nuestra propuesta y es el socio ideal”, mencionaba Carlos sobre esta propuesta que en noviembre tuvo la consigna de la donación de fideos para guiso, algo que en el comedor transformaron en cenas especiales.

“Entregamos 265 cajitas de puré de tomate, en septiembre; 160 paquetes de arroz y 36 cajitas de puré de tomate, en octubre; las señoras de la Rueda de Familia entregaron una importante donación de artículos de limpieza, y en noviembre estuvimos juntando fideos para guiso”, detallaba para hacer hincapié en esta actividad de este momento: la mencionada campaña de un alimento no perecedero por mes.

Y siguieron… claro. La rueda no se detuvo en 2020 porque continuaron con algo que es también tradición dentro de la actividad rotaria: “Tenemos una actividad que ya lleva 25 años, se trata de la entrega del ‘Reconocimiento a la Trayectoria’, a una persona destacada de Luján. También estamos promoviendo la protección del medio ambiente, tratando de minimizar la cantidad de plástico que tiramos todos los días en nuestras casas, introduciéndolo en una botella de plástico de 1,5 litros, de manera de hacerla sólida. Con 100 botellas llenadas así, podemos hacer un banco para un parque”.

Sin dudas, una mirada y un accionar más que importante porque no solo mira al hoy, sino que el Rotary piensa en el mañana, en el mundo que les queda a los que siguen.

“La pandemia ha postergado otros programas que hacemos todos los años y estamos esperando ansiosamente el fin de ella, para poder seguir brindando a nuestra comunidad el mismo servicio que dimos en nuestros 81 años de vida”, se ilusionaba.

Resuenan los latidos aunque gran parte de ese sonido se escuche de pantalla a pantalla. Pero ahí están los corazones, los que de virtualidad entienden poco pero mucho saben, que es el medio por el cual hoy el camino sigue. Y claro… con el real sentimiento, la real vocación, el férreo compromiso, la rueda gira. Una y otra vez. A empuje de esa fuerza rotaria impostergable.