Un momento incomprensible: derribar todos los bancos

Aquel 18 de diciembre del año 2013 el lugar dejó de ser solo un gran baldío casi inutilizado al centro del barrio. Dejó de tener yuyos. Dejó de ser solo un gran lote necesariamente cruzado por los vecinos en su diario andar.

Desde aquella vez que hubo una inauguración como celebración de nacimiento, el extenso terreno empezó a ser territorio de niñez, punto de encuentro para las charlas de vecinos, lugar elegido para la tarde en familia. Fue entonces que el sueño y proyecto que ya venía construyéndose en los corazones, tuvo la forma real de ni más ni menos que una placita. Tan sencillo y necesario como eso: una placita.

Fue así que con la bandera de este sueño bien en alto, Teresa Toledo reunió y unió gente del barrio para poder darle estructura al lugar, el cual con el correr de los años, fue siendo también parte de la concreción de tareas de mejora, mantenimiento y equipamiento de juegos por parte no solo de las mismas familias del barrio San Jorge, sino de vecinos de barrios aledaños, cooperativas de trabajo, Municipio, grupos solidarios, tareas que fueron dándole a la Placita la oportunidad de ser precisamente, el lugar más querido y visitado.

Cada pincelada sirvió. Cada pedido de ayuda también. Cada vez que algún papá o abuelo soldó un juego, puso seguridad a las risas. Cada vez que particulares o miembros de agrupaciones o empleados municipales cortaron el pasto, le pusieron más belleza al lugar. Cada vez que se organizó sobre ese pasto un evento, todo fue alegría. Cada vez que se pensó en las diferentes situaciones o condiciones físicas de quienes la usaban y usan a la Placita y se la acondicionó, se puso en marcha el sentido de la palabra inclusión.

Por eso, abrazada por muchos y disfrutada por tantos, la Placita del barrio San Jorge es y seguramente seguirá siendo un lugar feliz. Aunque a veces, le pasen ciertas cosas…

Maltrato

El sol muestra los desperdicios de la noche anterior

A veces amanece triste y lastimada. Le duelen los pisotones. Le arde el recuerdo de cómo la usaron en esos momentos cuando no hay sol. Entonces, amanece herida por las manos de quienes podrían disfrutarla a cualquier horario y dejarla luego de su estadía en la misma condición que la encontraron. Pero en diversas oportunidades los vecinos se quejan de algunos destrozos en la Placita, con los que se encuentran cuando sale el sol. A veces plantas rotas. Otras, juegos maltratados y rotos también. Y a veces hasta se los han llevado. A veces asientos y mesas, volcadas, quitadas de su lugar. Romper por romper…

Y en los últimos días “tuvieron que ir a juntar todo lo que dejaron tirado, porque es una placita donde se viene a pasar un lindo día y no venir a ver esto”, decían los vecinos ante la situación de desperdicios desparramados sobre el espacio público.

“Esto lo difundimos para que vean lo que está pasando”, agregaban. Y ante algunas situaciones de esta índole, han tenido que recurrir al uso de la alarma vecinal para pedir el patrullaje policial.

“Cuidemos la Placita San Jorge entre todos”, remarcaban haciendo hincapié en el pedido de cuidarla. Pedido que no solo es de Teresa Toledo, que es algo así como “el alma” de la Placita, sino de todos y cada uno de los vecinos que disfrutan en familia el espacio verde y solo quieren verlo cada vez más lindo y no con suciedad, con destrozos o con la ausencia por robo de algunos juegos.

Lastimar a la Placita es lastimar uno, dos o más días de la infancia. Y todos sabemos lo importante que son justamente todos y cada uno de esos días de ese tiempo especial y fundamental en la vida. Y las risas construyen una mejor infancia. Y esas risas muchas veces se construyen en una plaza y si esa plaza es maltratada, entonces hay menos sol en el alma de los chicos.

La Placita San Jorge es muy querida por muchos y a veces maltratada por algunos. Por eso los vecinos, las familias y en especial todos los que están en la infancia piden que no la hieran, que la respeten, que todos la disfruten mucho y sepan que es un pedacito de cada uno que hace ese todo compartido. Ahí, a pleno corazón del barrio.