Los sentidos al máximo dolor. No hay nada de lo que se ve, que no duela en las pupilas. Nada de lo que se oye puede ser más angustiante que el grito de la madera viva, muriendo. Nada puede ser más desolador que los labios con gusto a cenizas. No hay ningún respiro que no introduzca al cuerpo el olor de la tragedia. No hay pieles que resistan la impermeabilidad, porque hasta por los poros el humo se introduce para hacer del alma un espacio gris de idéntico paisaje que el de afuera. Porque en ese afuera que es parte del adentro, todo se quema. Y los sentidos solo pueden transmitir dolor.

La vorágine de la catástrofe pone llantos, quejidos, huidas, muerte y también pone seres que erguidos hacen barrera de corazón y manos, de decisión y coraje, de solidaridad. Y aunque no todo lo puedan, son trinchera y reclamo. Abrazo y consuelo. Grito y bronca. El sur bello y necesario, se quema y deja de ser una postal, porque ya es un hecho histórico patrimonio de las lágrimas e injusticias.

De cerca

La música lo puso en las aulas y los escenarios de Luján y más allá también. Pianista eximio, músico ante cada instrumento, Gabriel Celli llevó su profesión y vocación para hacer esos sonidos bajo los aires del sur del país, haciendo sus días en el hermoso pueblo de El Bolsón, donde llegó movilizado por el deseo de “cambio de geografía, salir de la instalación, de una especie de destino fijado”, tal como lo expresó.

Aquellos incendios del 2015 fueron voraces también y ahora, nuevamente, el fuego tan cerca… “Esto te genera mucha impotencia, tristeza, angustia, de todo”, decía para relatar momentos como imágenes de esas que duelen: “Acá hay Bomberos y está el Splif, que es un grupo oficial para los incendios forestales. Y este año hubo muchos voluntarios, gente del pueblo, jóvenes que se sumaron a poner el cuerpo para ayudar, teniendo en cuenta indicaciones de los más expertos, lógicamente, y también hubo gente de otras provincias: Córdoba, Mendoza, gente con experiencia. Hay aviones hidrantes y un helicóptero con un balde grande también, que hacen su tarea desde el aire con mucha audacia. Son zonas difíciles, de montaña, bosques, hay que saber maniobrar muy bien. Los aviones chicos son más fáciles de mover por aquí que los grandes: despegan mas fácil y con menos pista”, detallaba Gabriel, que como todos entreteje posibles causas del inicio del fuego hecho tragedia ya.

El músico lujanense vive muy de cerca los incendios en El Bolsón

“Hay muchas versiones: que un cortocircuito, que un asado mal apagado, que algún rayo perdido, que lo prendieron a propósito… todo es posible acá. Lamentablemente, cuando hay tantos focos simultáneos es casi seguro que fueron prendidos a propósito. Hay intereses inmobiliarios, mineros, madereros. El tema de los mapuches que siempre está latente: no se les reconoce su lugar, se los margina, ningunea y son los que mejor cuidan la tierra de sus ancestros. O lo poco que les quedó, ya que fueron corridos de muchos lugares. Habría que hablar desde la campaña al desierto de Roca, de tantas cosas históricas para entender este presente tan complejo, pero en este hoy el tema es que nunca se encuentra un responsable de esto. No se investiga ¿O no se quiere investigar? Se hablaron de autos sospechosos que se escapan, pero no se los alcanza ni persigue nunca… ¿no es extraño?”

Y de la intriga y al desconsuelo, la infinita tristeza por las pérdidas: “Una de las cosas más tristes es ver a la gente que perdió sus casas, animales y hasta me enteré de un peón rural que estaba desaparecido y se lo encontró sin vida. Fue alcanzado por las llamas aunque huyó de ellas, es que los vientos hacen que te encierren las llamas y por más experiencia que tengas, es bravo”.

Y poniendo esperanza en los dichos, Gabriel sumaba: “Lo gratificante es ver tanta gente solidaria. Hay un grupo de vecinos autoconvocados, se hicieron asambleas, distintas comisiones, donaciones, voluntarios, brigadistas. Y algunos se han quedado a dormir arriba en la montaña para evitar que se activen los focos, porque parecen apagados pero el calor y fuego queda abajo, en las raíces. A eso se le dice guardia de cenizas. La gente entra a las zonas incendiada con motobombas, borceguíes, bidones de agua. Yo colaboré en una cocina de una comunidad mapuche que cocinaban viandas para los brigadistas”.

La descripciones llegan con los cinco sentidos. Y al leerlas, el corazón todo se lleva de humo. Personas, animales, bienes materiales, paisaje… todo duele. Los por qué tienen que aparecer. Para este marzo de 2021 ya es tarde. Pero su aparición puede hacer que esta tragedia sea parte de un ayer sin repetición.

Mientras tanto, se puede y se necesita colaboración. Para lo cual aquí mismo dejaremos link y contactos. En el sur hay fuego y aunque estemos lejos, el humo llega porque ya está, en el corazón.

Desde Cáritas se solicita colaboración

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