Circulan como latidos para el gran corazón que es el Hospital. Allí resuenan como pasos de vida. Ahí entregan la esencia solidaria que construyen cada día, porque hay un tránsito de guardapolvos color rosa que no se detiene y lleva en cada bolsillo las manos dispuestas a ayudar, manos como testimonio del hacer y palabras como testimonio en el decir… ayuda material, ayuda emotiva, eso es lo que ofrecen desde esta tarea de voluntariado que aporta eso indispensable para el buen funcionamiento de cada espacio compartido: emotividad.

Así, emotivas; así, comprometidas; así, constantes. Las integrantes del Servicio de Auxiliares Voluntarias del Hospital Nuestra Señora de Luján ponen movimiento solidario en cada historia que hay alrededor de cada paciente -pequeño, adulto- que transita una internación o llega al nosocomio local con la urgencia y la tristeza. Entonces, el color rosa aparece con la certeza siempre, del intento de un mejor momento.

Y con la reciente noticia de la donación de dos camas producto de una suma de dinero recibida desde el exterior del país, aprovechamos el contacto con la actual presidente del Servicio, María Teresa Rial, para dialogar acerca de este andar que, como todos, fue modificado por la situación de la aparición del coronavirus, motivo por el cual detallaba a LUJANHOY que “durante la pandemia el año pasado no iban mis compañeras, ya que somos todas grandes, personas de riesgo, pero yo estuve yendo por diferentes pedidos que hace el Hospital y había que acercarlos. Entonces, en ese momento fui la única voluntaria que no dejó de ir y en este momento lo sigo haciendo porque gracias a Dios tengo buena salud y, además, alguien tiene que hacerlo”.

Sobre el importante rol que cumplen, señalaba que “nuestro voluntariado está para el enfermo, acompañarlo con una palabra, que sienta que no está solo cuando está internado. Para eso estamos. Si necesita abrigo, un camisón, un par de medias, lo que necesite él como también su familia que quizás necesita un traslado a su casa y podemos ayudar con un dinero para que pueda hacerlo. Nosotros acompañamos a los enfermos en todos los sentidos, ya sea también parturientas, personas internadas en Clínica Médica, en Pediatría, Neo, nosotros nos abocamos a todos los servicios”, sostenía desde su palabra con acción solidaria, que construye un alivio material como así también ese respiro necesario de cercanía de corazones en esos momentos cuando la vida tiene una incertidumbre gris.

“El enfermo, como nosotros siempre decimos, no va al Hospital de vacaciones, va por una patología y necesita estar acompañado desde lo profesional como desde el apoyo que le damos nosotras: hacerlo sentir que no está solo, si necesita un par de medias se lo damos, una frazada, una palabra… lo acompañamos no solo desde lo material”, remarcaba.

Trastocar ayuda

La comunidad lujanense es solidaria. Ha sabido y sabe estar con la atención requerida en las diferentes historias y la ayuda concretada por el nexo, se refleja en el alivio para quien tanto lo necesita. Y acá este nexo, este puente, estos brazos extendidos, estos latidos bajo los guardapolvos rosa, que tan bien saben cómo trastocar la ayuda de la comunidad en ayuda precisa para cada persona que por diversas circunstancias se encuentra en el Hospital. Esa ayuda, siempre llegó principalmente desde la recaudación desde el servicio de Flores de Vida: las tradicionales tarjetas de condolencias ante los fallecimientos y la sentida misa que mes a mes se ofrecía en la capilla del Hospital, algo que durante este tiempo de Pandemia ha sufrido modificaciones.

“No hay velatorios, entonces el servicio de Flores de Vida mermó. Pero seguimos ofreciendo esas tarjetitas porque teníamos pensado hacer una misa en un lugar más grande, ya que la capilla del Hospital es chica. Pero veremos cuándo podremos realizarla. Tenemos además el ingreso a través de la venta de tapitas de plástico. Hace más de dos años que estamos con esa actividad, la verdad es que la gente ha colaborado y colabora mucho con esto, tenemos una urna en la Cooperativa Eléctrica, otra en el mismo Hospital, en algunas farmacias, diferentes comercios, la verdad son muchos lugares que juntan para nosotras”, decía Teresa haciendo mención entonces a la toma de conciencia ambiental respecto del reciclado de tapitas plásticas, algo que el Servicio de Auxiliares Voluntarias sostiene como fuente de ingresos, ya que las tapitas que la comunidad les dona, son vendidas a las empresas que realizan el reciclado y su reutilización.

De manera que, con Flores de Vida, con la venta de tapitas, con las donaciones particulares, las Voluntarias proveen de aparatología, insumos, artículos de tocador, de limpieza, ropa, calzados, pañales y demás a los distintos servicios del Hospital, trabajando también de manera articulada con el Servicio Social con el que cuenta el nosocomio, coordinado por una Asistente Social.

“Nosotras recorremos el lugar, hablamos con los enfermos y podemos también acercarnos a la Dirección para comunicarlo. Realmente sabemos cada cosa de cada enfermo y eso nos lo da esta actividad de recorrer todo, mañana y tarde, y saber qué enfermo está por ejemplo en la habitación 4 cama B y en cada habitación. Esas vivencias las tenemos todos los días y cada voluntaria que va a la mañana deja el informe para la que llega a la tarde y sepa si ese paciente comió, si comió menos, si necesita más visita, que charlemos más con él… nosotras sabemos todas esas necesidades, ese parte diario siempre lo tenemos”, puntualizaba.

Y agregaba que “todo lo que los pacientes y el Hospital necesita, si está dentro de nuestras posibilidades, lo conseguimos. Por ejemplo, todos los ventiladores que están en los pasillos del Hospital los hemos comprado nosotras. Este año en febrero hemos entregado sillones para que las mamás en Pediatría acompañen a sus hijos y puedan estar ahí sentadas; hemos hecho hacer los bancos de los pasillos; compramos balanza para Pediatría y Neo; hemos comprado insumos para estudios a las embarazadas, frascos de hemocultivo para adultos, pediátricos y Neo e insumos para fonoaudiología para detectar hipoacusia. Son cosas que se necesitan mucho. En estos años pasados hemos comprado camas nuevas para pediatría y los distintos servicios, colchones, mantas nuevas, cubre camillas para los consultorios. La verdad, que todo lo que podemos, lo hacemos”.

Y en ese detalle, contaba que “en noviembre del año pasado tuvimos la ayuda del obispado de Mercedes. En el marco de la IV Jornada por los Pobres nos visitó el 12 de noviembre monseñor Jorge Eduardo Scheinig y decidieron que la ayuda vendría para este Servicio, así que tuvimos una donación y con ese dinero compramos leche para reflujo, que son especiales y caras”. Y sostenía con el lógico orgullo que “fuimos elegidas por nuestro trabajo, por los comentarios de la gente, así que no lo dudaron. Y también nos donaron rosarios bendecidos por el Papa Francisco”.

En esa línea de donaciones recibidas, mencionaba la más reciente: “La señora Reyes hizo la conexión con la doctora Nora Navone que es pediatra, lujanense y vive en Estados Unidos. Ella se interesó en el Hospital porque aquí hizo sus primeros pasos, se interesó en nosotras y quiso que la ayuda llegara a las Voluntarias para que nosotras decidiéramos qué hacer con esa ayuda. Entonces envió una donación y decidimos comprar una cama para Terapia intensiva y otra para Internación. Incluso, ella nos contó que están juntando más dinero para ver en qué lo podemos utilizar”, decía agradecida para con la Casa Argentina de Houston y su referente, la doctora Navone, quien sigue cercana al Servicio de Voluntarias ya teniendo en proyecto otra donación que prevén concretar con la creación de un nuevo y mejor sector pediátrico.

En el alma, el Hospital

El Hospital y todo lo que allí sucede. Todo lo que ofrece, lo que no puede ofrecer, lo que se intenta, lo tanto que se logra. Allí, ante todo eso que es el Hospital, las Voluntarias. A capa y espada simbolizada en guardapolvos rosa. Ahí, pensando, organizando, haciendo.

“Me siento realmente orgullosa porque el Hospital se viene bancando muy bien la pandemia. Yo que estuve ahí durante todo este tiempo, he y hemos visto que se trabajó muy bien, todo muy correcto, con la ayuda de la comunidad que ayuda mucho también. Y así el Hospital sigue saliendo adelante en la pandemia. El Hospital resistió y sigue resistiendo”.

Y aportando latidos para este constante andar, está el Servicio de Auxiliares Voluntarias. Ellas, con sus bolsillos llenos de palabras y sus voces llenas de haceres, porque lo que dicen lo hacen y lo que piensan lo concretan con sus manos activas, para ofrecer un día mejor en un lugar al que se llega con días no tan buenos. Y ahí, desde hace 54 años y hoy mismo, las Voluntarias y su latido constante.