Puede decolorarse la pintura, con el paso de los años. Puede descascararse la pared, a merced cotidiana de los climas. Puede sustituirse la edificación. Puede el Mundial quedarse lejos en el almanaque de los tiempos.

Pero cuando el arte se entrelaza y recorre las venas de la emotividad, sin dudas, aporta permanencia a todo gesto efímero. A todo lo que pudiera tener fecha de caducidad. Cada foto que alguien se tome allí, cada posteo en las redes, cada pestañeo queriendo abarcar toda la pared cuando la ventanilla del colectivo se hace chiquita ante el deseo de verlo todo, cada vez que alguien pedalee o maneje o camine hasta esa esquina para ver, será esa pincelada de permanencia de la emoción la que haga -y ya está haciendo- a este nuevo mural de Amy Rena, ese momento en el que todo lo efímero puede conservarse desde la emoción.

Ahí hay un rostro pintado. Es Messi. Y es un dibujo que traspasa el ámbito del deporte porque eso tiene la magia del fútbol que puede salirse de un estadio, de un resultado, de una camiseta, para ser cosa cotidiana y paisaje de generaciones. Y Amy, con el arte en la mano y los colores por las venas, le puso ubicación exacta a la gran sensación de unidad que en los tiempos mundialistas tenemos. Hizo otro mural. Lo hizo a Messi a pleno barrio. Y ya todo Luján anda dando vueltas por ahí para disfrutar del arte y poner su susurro de gol como augurio del grito que ojalá saquemos bien de adentro.

Ahí está Messi

“Volvía de hacer un mural por ese mismo barrio y pasé con el remis y me gustó la pared, o sea, la encontré de casualidad. Cuando llegué a casa le comenté a mi viejo y él me dijo ‘dale que te llevo’ así que fuimos ese mismo día, de caradura le toqué el timbre a los chicos que viven ahí -Nico y Jesi- y bueno, ella ya me conocía desde Instagram -entonces no había mucho que explicarle que yo era muralista, etc-, le expliqué que quería pintar a Messi, que hacía un tiempo ya que lo quería hacer pero no encontraba la pared. Entonces le pedí permiso pero la pared era del galpón del padre y quedó que le iba a preguntar. Le dejé mi tarjeta y a la media hora ya me avisa la confirmación para poder usar la pared”, contó la artista plástica y muralista Amy Rena en una charla con LUJANHOY, iniciando este relato desde esa necesaria autorización para utilizar un espacio como tal.

“El sábado 5 de noviembre pinté la pared de gris porque era toda blanca y la verdad que el sol me mata, así que luego la marqué con aerosol y en vez de usar una cuadrícula hice dibujitos para guiarme en el dibujo”, mencionaba para contarnos que de allí en más, levantándose a las 5 de la mañana para poder comenzar a pintar a las 6, fue durante los días lunes, martes, miércoles y jueves. Un descanso el viernes y la culminación de la obra, este pasado sábado 12 de noviembre, dejando testimonio de una técnica cada vez más exquisita.

“Es la primera vez que pinto no por planos de colores como lo hago siempre, sino modulando los colores. Esta vez quería algo más realista. Siempre busco el desafío y esta es la primera vez, posta en 5 años, que estoy conforme con el trabajo que hice. Siempre que termino uno la gente está contenta pero yo no, bueno, este es el primer mural que me gustó, que me voy contenta, con el que aprendí un montón. Porque a partir de este mural aprendí a manejar la ansiedad, yo siempre quiero terminar en poco tiempo o hasta el mismo día y aprendí que no siempre es así que con paciencia, durmiendo y yendo menos horas se logran mejor las cosas, así que eso es lo que me llevo de este trabajo”.

El mejor gol

El de Messi ojalá aún no haya llegado y seamos testigos de ese mejor gol en esta edición del evento mundialista. Y el mejor gol de Amy, seguramente tampoco, pero sí es seguro que cada pincelada, trazo, mirada y retoque tiene el deseo de la superación.

“Al principio empecé con mucho entusiasmo, con todas las pilas y cuando comencé a marcar tuve mucho miedo, me agarró mucha inseguridad, por un momento decía ‘ay Dios, Amy que hacés acá, para qué la agitás al pedo, no te va a salir, mirá cómo quedó el ojo’. Todo eso pensaba. Messi estuvo bizcocho un día, quedó bizco el chico y bueno eso fue también paciencia. Dije, ‘bueno, quedó bizco, mañana lo arreglo, descanso, vuelvo y voy a encontrar el error’. Y fue así. Pero también fue eso, que aprendí a esperar, a esperarme a mi”.

La tarde del sábado ya iba teniendo miradas a pleno y miradas de reojo cuando la sorpresa del Messi gigante se ponía ahí, a toda pared. Iban llegando vecinos, gente de otros barrios, celular en mano y la selfie. O desde la vereda de enfrente, la mejor toma.

“Creo que es un punto de encuentro. Fue también para mí un punto de encuentro porque conocí mucha gente, hablé con todos los vecinos que también te transmiten amor, que te acompañan, sentís que están, fue todo como muy familiar, así que para mi fue un punto de encuentro con la gente y seguramente va a ser un punto de encuentro para los demás, inclusive está ahí la parada de colectivo así que gente va a haber siempre, compartiendo capaz una foto. Yo estoy muy contenta, fue un desafío realmente y tengo como un sentimiento que no puedo explicar, que desde que lo terminé lo sigo sintiendo”, remarcaba la artista.

La gambeta de las manos de Amy, sosteniendo el pincel y poniendo colores, están ahí, a plena pared. La gambeta de Messi, sosteniendo hasta liberar en gol a la pelota, ahí anda, a plena cancha. Hay mucho de emoción en ambas postales. Hay algo inmenso que nos encuentra y es precisamente esa emotividad que nos une en tiempos del fútbol. Amy Rena una vez más pincela días más coloridos desde el arte que transmite tanto, tanto y que ojalá, claro, sea esta vez, un gol con el color eterno de la alegría.