Algunas de las esculturas en materiales reciclados que ya están instaladas.

Los cantos audibles de las aves anuncian su presencia. Aleteos entre las ramas, chiflidos a la lejanía, incesantes intercambios comunicativos de árbol en árbol. Por allí andan, por allí viven, por allí comparten vuelos. Y debajo, nosotros. En el intento de visualizarlos para el constante asombro que la naturaleza provoca, cuando se la quiere ver, cuando se la aprende a ver.

La Reserva Municipal Quinta Cigordia abre una y mil puertas imaginarias para sostener en el medio de las pupilas, atravesando los oídos y acumulando emociones en el corazón, la vida natural que transita sus almanaques de ciudad cercana, pero sabiéndose espacio protegido por la conciencia ambiental de la comunidad lujanense.

Y esta pasada semana, llegó el arte. Las manos soldando, pintando y dándole forma al vuelo, poniéndole a los materiales duros, la esencia suave de los plumajes de las diferentes especies de aves de la zona que fueron representadas por las esculturas ya colocadas para el disfrute y aprendizaje de los visitantes.

La actividad se desarrolló en el marco del Proyecto “Circuito Turístico Natural y Cultural” contando con la tarea de estudiantes de la Escuela de Arte de Luján, docentes y artistas plásticos que concretaron finalmente la creación y colocación de las esculturas de aves en la Reserva, trabajos realizados por Agustina Conte, Agustín Lizaso, Camila Galán, Victoria Maiola, Rocío Vera, junto a la labor docente de la Profesora Verónica Repetto y la impulsora de la acción, la artista plástica María Alejandra Hernández.

Con ella dialogamos acerca de cómo se pensó y concretó esta intervención artística en el espacio natural: “Mi relación con la Quinta comenzó por un trabajo de asignatura para el cual debía evaluar paisajes turísticos o con potencial. No conocía a nadie que estuviera generando proyectos, por eso me contacté con el Director de Gestión Ambiental del Municipio, Brian Vega, para consultarle qué se estaba haciendo en la Reserva y en el río”, nos contaba Alejandra.

Y detallaba el inicio del proyecto: “Fue elaborado como trabajo final de la Especialización en Gestión del Patrimonio y Turismo Sostenible y surgió a partir del diagnóstico que realicé en base a una encuesta a lujanenses y visitantes sobre intereses y expectativas turísticas y las reuniones mantenidas con Brian Vega; el director de Turismo, Juan Campos; el secretario de Cultura y Turismo, Nicolás Capelli, y el director de Producción, José Guibaud. Pensé que una propuesta de creación de un circuito cultural y natural sobre la ribera sería una buena opción para revalorizar nuestra identidad cultural y conectar los espacios verdes que se encuentran sobre el río desde el Parque Ameghino hasta Olivera”, señalaba.

Manos aprendiendo y enseñando

jornada de presentación contó con la presencia de público, autoridades y los autores de las esculturas de la avifauna representativa de la zona.

Entonces el arte. Que realmente, todo lo puede. Porque todo lo crea. Porque suma. Y porque nos enseña a mirar, ver y sentir, siempre, un poco más. Ahí entonces, desde el arte, desde materiales sin vida, la representación más fiel de la inmensidad y magia de la naturaleza.

“Las obras las realizaron estudiantes de la carrera de escultura de la Escuela de Arte sobre una temática que surgió en base al trabajo. La idea era utilizar materiales reciclados, que no dañaran el ambiente y se integraran a él”, decía Alejandra.

Y detallaba precisamente los materiales que fueron parte de las obras: “Se utilizaron metales reciclados donados, soldados y pintados. Y tuvimos la colaboración del licenciado Claudio Tuis, que me facilitó los listados de Avifauna que elaboraron desde el ‘Grupo de los Sábados’, una Asociación que viene funcionando desde hace 30 años realizando actividades vinculadas a la revalorización del patrimonio natural y paleontológico lujanense”, mencionaba desde la alegría de la concreción de este proyecto y la esperanza del sumar a la siempre necesaria revalorización del mundo que tenemos.

“Desde el año 2014 vengo trabajando con proyectos artísticos vinculados a la identidad cultural y me cuesta porque lo hago como gestora independiente. Por lo tanto no tengo poder de decisión, solo cuento con que les gusten mis ideas y las apoyen… pero generalmente nunca hay fondos. Así que la Escuela de Arte se entusiasmó para trabajar con sus estudiantes y eso fue lo que posibilitó contar con las obras. Pero la realidad es que me gustaría resaltar que el trabajo artístico debe valorarse. Me encantaría que se retribuyera y se difunda como se merecen. Por otro lado, la Reserva necesita ser conocida por todos, que esto sirva para atraer organismos que apoyen con fondos para poder acondicionarla como se debe y que realmente sea un lugar que pueda servir a los fines creados: la protección del entorno y de los servicios ecosistémicos que brinda. Es el espacio verde urbano más extenso del partido -15 hectáreas- con 2 cursos de agua dentro y un bosque ribereño valioso, sin embargo está abierto y no cuenta con un cuidador. Para mi es el reflejo de la importancia que se le da al turismo de naturaleza en Luján”, finalizaba la artista plástica.

Y en esa línea, hacía referencia a la necesidad de proteger debidamente las áreas naturales, como el verdadero tesoro que simbolizan desde la certeza de lo indispensable que resulta, la naturaleza.

Y en ese espacio, en la Reserva Natural Municipal Quinta de Cigordia hay arte. Hay plumas de metal, que simbolizan el vuelo, el de cada artista en sus manos, el de los protagonistas de plumas reales, el vuelo que ojalá sepamos ver, disfrutar y cuidar como corresponde.

A darse una vuelta, entonces, por este Circuito Turístico Natural y Cultural, porque los materiales reciclados dicen vida.