Escuchar el entusiasmo con el que Alejandra habla de este lugar es darse cuenta que las apuestas del alma siguen teniendo sentido. Y mucho. Verla recorrer ese espacio pequeño pero inmenso a la hora del recibimiento amoroso, es creer una y otra vez en que cada historia solidaria merece el aplauso del reconocimiento que jamás se busca, pero que sirve de ejemplo como empujón de optimismo para quienes hacen pensando en los demás.

El Merendero “Piecitos pequeños pisando fuerte” pudo finalmente inaugurar un espacio cubierto para no solo afrontar el mal clima, sino para poder compartir ese momento juntos, alrededor de una mesa, charla, taza de leche y alegría de por medio en medio, de mucho de lo que no está bien.

Pero ahí, la solidaridad. Haciendo casa compartida como refugio de abrazo. Hace unas semanas, compartíamos con Alejandra Eugui y su hija Luli un encuentro en el lugar que habían logrado techar, estando en espera de manera entusiasmada, de poder concretar la instalación de la electricidad, cerramientos y llegar al día de la inauguración que tuvo concreción el pasado viernes 9 de junio.

Merienda feliz

Así se sintieron, aún cuando el lugar inaugurado es el resultado de un tiempo de necesidades, también es el resultado de una inmensa solidaridad que ante lo malo, levanta alas y pone vuelo de sueños para compartir.

Así que en medio de la realidad dolorosa de la situación de vulnerabilidad por la que atraviesan las familias que asisten al merendero, está la realidad de este abrazo ahora, con techo, puertas, ventanas, luz y siempre, mucho amor.

“Festejamos la inauguración del salón del merendero y quiero agradecer a mi familia, a mi amiga Sole, a Celia, Dorita, por ayudar con los preparativos”, decía la referente del lugar, Alejandra.

Y sumaba más agradecimientos: “A Flor Chesta por la torta y otros bizcochuelos donados, a Adri Villareal por las cositas elaboradas por ella que también nos donó, a Mariana de Panadería Aguma por sus donaciones, a Dorita por la piñata, a la Sala Permanente de Malvinas por las gaseosas, a la fábrica ‘Quento’ por los snacks y a Jessica Rivarola por alcanzármelos y pasar un ratito. También gracias al Municipio y la gente de Abordaje Territorial por la donación de golosinas y por acercarse a compartir el momento con nosotros, gracias Fede Vanín, Laura Villegas y Harry”, señalaba.

Y entre el detalle de todo lo recibido, añadía: “También gracias a Agustina por el budín con chispitas y scons donados, a Mati, a mi suegra, a Cacho, Inés y mi amiga Anita Ferreyra por acompañarme en ese día y por los regalitos. Gracias a mi mamá, mi papá y mi hermana Cari por acompañarme cumpliendo mi sueño”, decía Alejandra describiendo así, con esos agradecimientos, el camino recorrido para que ahí, en la calle Corrientes 1.288, haya un lugar que los reúna y encuentre.

Se necesitan bancos

Alrededor de los tablones, los “peques” sostienen su taza de leche y saborean además, aquello rico que hace de la merienda un momento favorito. Pero no cuenta el Merendero con bancos para que puedan sentarse y disfrutar mejor.

“Como buena hija de albañil que soy, inventé unos bancos con tablones y ladrillos que son de mi papá pero que él los necesita para trabajar, entonces hago este pedido necesitamos bancos para que mis peques puedan merendar sentados”, expresaba.

Un esfuerzo más para lograr eso material que tanto se necesita. A quien pueda colaborar, puede hacerlo contactándose al teléfono de Alejandra (2323) 674892 y ser parte de esta historia que ahora necesita bancos para que alrededor del tablón haya un descanso y disfrute pleno. El Merendero “Piecitos pequeños pisando fuerte” ya es refugio. Tiene techo y amor.