Más que nunca el piano es paisaje. Le caen los dedos con la cadencia de la caída de las hojas de otoño, como si las manos se ahuecaran para contener la melodía y soltarla, de a poco, necesariamente a tiempo, delicadamente repartida para cada palabra envuelta en música.
Las manos son la antesala de ella. Que detrás, es todo lo que dice y canta. Y no puede y no quiere, frenar el mar en los ojos cuando un poquito del agua azul riega las teclas, hecho lágrima.
Ahí sigue estando y siendo, todo, todo eso, ella que se ve a sí misma, se pone una melodía sobre los hombros y camina por el paisaje de la música que embellece aún más con su canto. Y necesitó más que nunca esta canción. La que se cantó. La que escuchó antes que sea, justamente, canción.
Y la escribió y la tarareó para hallar esa tonalidad ante el piano y la concretó en este “Pidiéndome perdón” que más que un título es un cúmulo de sentimientos.
UN PORQUÉ…
Y muchos para qué. Antonella nos cuenta porqué la escribió y le aparece a cada quien que la escuche, un para qué es esa canción.
“Me parece muy interesante contarles y compartirles mi experiencia la cual me llevó a escribir esta canción, que nada más y nada menos se llama ‘Pidiéndome perdón’. Es un perdón hacia mí misma como lo dice el título y para mí fue y es muy sanadora cuando la canto”, decía la artista.
Y puntualizaba: “Tengo ciertas auto exigencias, ciertas cosas que a veces me dicen ‘no, todavía no hagas esto’, ‘no estás lista’. Y entonces, en esos momentos, salía un yo interno que me frenaba y me frenaba en hacer cosas que realmente significaban mucho para mí”.
Y acerca de hablar de esas sensaciones, actitudes, pesares, indecisiones que la atravesaron y atraviesan, mencionaba: “Lo comparto porque me parece muy valioso que si quizás a vos te pase en alguna situación, en algo en tu vida, creo que el primer paso además de verlo, además de trabajarlo en el día a día, además de ser consciente de eso, es decir ‘ok, basta, ya lo ví, ya ví esta situación, ya está’ y abrazate. Y este ‘Pidiéndome perdón’ es ese abrazo hacia mí”.
En tanto, sumaba una descripción profundamente visual del arte de tapa del tema: “La tapa del single tiene una lágrima, no fue una tapa ni siquiera planeada, me cae una lágrima arriba del piano, literal”.
Y agregaba: “Se me cae la lágrima en la plena emoción con la canción resonándome en cada célula y bueno, me di cuenta que era hora de sacar esa canción, hora de pedirme perdón y así quedó la tapa, con la lágrima y con el piano”.
Bastará con escuchar la canción. Y caminar la canción, con las manos ahuecadas para hacerle espacio a todo lo que se pueda juntar en el recorrido. Mucho por asir. Para luego, espolvorearlo al viento. Y ser lo que se es. Como Antonella que encuentra en el ‘ser yo’ la mejor receta con la poción infalible del verdaderamente, verse.
Y todo, cantado. Como tan lindamente ella sabe hacerlo.




