Si la historia tuviera textura, sería esa, la de la piel que la ha vivido. Rostro, manos, andares de los pies por los días del dolor que sigue siendo la herida del mundo. Una historia en la historia, que habla de la historia de muchos y que pone en la historia del hoy los días a no olvidar. Esos días que hicieron ese tiempo que es brújula hacia donde no se quiere volver a vivir.
Sí, verlo, recordarlo, hablarlo, para sostener la decisión de la humanidad desde el lado más humano del sentir, pensar, creer y trabajar en lo cotidiano desde el sitio como componentes de la sociedad en el que estemos: trabajar para que los derechos humanos sean bandera flameando los días.
El Holocausto, la dictadura militar, nos reúne en geografías diferentes pero construcciones idénticas: los derechos sesgados. Ante ello, la memoria, siempre. Y para ello, este tipo de eventos: la charla de Mónica Dawidowicz, sobreviviente del Holocausto que llegó a nuestra ciudad para ofrecer su testimonio ante un repleto salón de exposiciones en el Centro Cultural “Doña Ana de Matos”, el jueves 15 de mayo.
La actividad estuvo articulada entre la Municipalidad de Luján y la Región Educativa X, el Colegio Montessori e YFU Argentina.
LA VOZ LA ESCUCHA
La Sala de Exposiciones recibió a los visitantes con un recorrido guiado por la temática, desde las voces y el acompañamiento de alumnos del Colegio Montessori que transmitieron ante los banners con las imágenes elegidas, un mapa de la historia que con sus voces nuevas recorrieron para la necesaria visibilización, siendo la antesala ideal para recibir la disertación de Mónica Dawidowicz, la “niña de varios nombres”, como se hace referencia a su historia debido a los cambios de identidad luego de su nacimiento en un sótano en el ghetto Jaludna, de la ciudad de Lida, Bielorrusia, aún sin saber qué día exacto, quizás a finales de 1941 o inicio de 1942.
Ella ofreció a toda sencillez y serenidad, pero con la firmeza de las convicciones, un momento de recorrido histórico con reflexión y un más que interesante ida y vuelta con el público que preguntó en diversas ocasiones en esta charla que estuvo modulada por el profesor Javier Palomeque.
“Tenemos voz, sí. Nosotros somos entes políticos, pero no tenemos poder político, estamos en casi todas las instituciones representados en forma individual o en algunos casos en forma colectiva o representando a sobrevivientes. Estamos en un momento difícil, de quiebre, de cambio, entonces sí, las voces se escuchan y sí, dicen cosas, pero de allí a que ya de forma inmediata haya resultados o respuestas, no”, decía Dawidowicz, respondiendo ante la consulta del público acerca de la visibilización del tema del Holocausto y los derechos humanos, remarcando ante todo, y quizás como sello de importancia del encuentro, la presencia de jóvenes y la significatividad del accionar desde la valoración de la memoria.
“En principio, los jóvenes están dispuestos a escuchar, los jóvenes están dispuestos también a actuar y realmente, por ejemplo cuando veo una muestra como la que tenemos acá dirigida por jóvenes que se han formado para ser guías de la muestra y esto se replica en muchísimos lugares, da cuenta de eso. Por otro lado, los jóvenes tienen otra manera de expresarse que no es exactamente la de nuestra generación y yo creo que lo más importante o el mensaje más importante que puedo decirles a los jóvenes es que se preparen, que estudien, que investiguen, que hablen con propiedad sobre todos estos temas, para no caer en el facilismo de un slogan. Yo entonces les digo que no contesten con slogans, que estudien y que sepan contestar con argumentos. Este no es un tema exclusivamente judío. Está dirigido a enfermos mentales, homosexuales, porque durante el Holocausto todas las minorías fueron afectadas, entonces es importante que se preparen para tener respuestas ciertas, respuestas históricas”, decía desde su decir con aval histórico y el compromiso de continuar con la tarea de la defensa, siempre, de los Derechos Humanos.
“Tener conciencia de humanidad, tener conciencia de resistencia a aceptar estas barbaridades como naturales. Y se está trabajando en eso y yo creo que ustedes, jóvenes, van a lograr un cambio deseable”, mencionaba para los aplausos que fueron como abrazos sonoros para ella y para la herida del mundo que fue el Holocausto.
Y por su parte, el docente de Historia y Diplomado del Centro Ana Frank de Argentina, profesor Javier Palomeque, le mencionaba a LUJÁNHOY su apreciación ante lo vivido: “Hablar de cuestiones referidas a situaciones tan terribles como lo que vivió Mónica Dawidowicz, una sobreviviente, no resulta fácil. Yo estuve a su lado y pude ver cómo los recuerdos la atravesaban, ¿cómo poder explicar el horror vivido?, y frente a eso poder salir, reinventarse y sostener que los discursos del odio que generan racismo, separatismo, xenofobia, homofobia, islamofobia, antisemitismo y que están presentes en nuestra sociedad, nos pueden tocar de cerca y nos deben poner en un estado de alerta para que estos procesos terribles no vuelvan a ocurrir y hacer entender a aquellos que sostienen esos discursos -el pensar que el Nazismo o todos los procesos de racismo son correctos- que es necesario hacerse cargo de Auschwitz y todas las acciones genocidas que ocurrieron y ocurren”.
El mundo, tiene heridas. Siguen doliendo en la memoria de la humanidad. Y es un dolor también necesario, el de la memoria, para que el nunca más no sea frase, sino, hecho.





