Una a una las palabras, como los días. Palabras al sol, palabras al compás de ese tema que le vibra en el celular. Palabras, como estrofas de lo que se construye en el pentagrama de amigos, como las que sostienen abrazos de familia. Palabras de colegio, ahí donde hay cimiento de los caminos que se vienen. Palabras, para los días de la adolescencia que suben y bajan, se encienden y se descargan en emociones.
La IA mira de reojo cuando la mano escribe. Cuando la piel siente, cuando alguien ante un espacio blanco, piensa y pone palabras, esas palabras, como días. Así, Bianca Naveira, “hizo un libro”, así como noticia que fue pasando por entre su gente y llegó a otros, a muchos, cuando presentó ese libro en la Asociación Cultural y Biblioteca Popular Ameghino el sábado 27 de junio, rodeada de su familia, sus amigos y todas esas palabras que supo hilvanar para contar una historia, la de “Donde decido quedarme”, su libro que ya está andando por el camino de la literatura lujanense.
PENSARSE ESCRIBIENDO
Tiene 15 años hacia atrás. Ese tiempo de días en los que el escribir comenzó a ser hábito. “No hubo un momento exacto que recuerdo como puntual del inicio de esto, pero con el tiempo me fui dando cuenta de que escribir era algo que realmente disfrutaba y quería seguir haciendo. Al principio empezó como un hobby, pero poco a poco terminó convirtiéndose en algo mucho más importante y dio lugar a mi primera novela”, le contaba la joven escritora a LUJÁNHOY.
Y compartía, además, la sinopsis de “Donde decido quedarme” que aparece en el libro: “Lena llega a la universidad con la sensación de que todo está cambiando demasiado rápido. La partida de su amiga Grace marca el final de una etapa y el comienzo de otra llena de incertidumbre, nuevas amistades y decisiones que todavía no sabe si está preparada para tomar. Mientras intenta adaptarse a esa nueva vida junto a Blair, su mundo comienza a transformarse cuando conoce a Nathan Walker, el capitán del equipo de rugby, un chico que parece seguro de sí mismo, pero que también guarda sus propias dudas. Entre rumores, silencios y sentimientos que aparecen cuando menos lo espera, Lena descubre que crecer también significa enfrentarse a lo que siente y aprender a elegir qué lugar quiere ocupar en su propia historia. Mientras la amistad, el amor y los cambios de la vida universitaria se entrelazan, Lena comprende que a veces el verdadero desafío no es irse, sino encontrar el lugar donde uno decide quedarse”.

Hay un lugar donde uno se queda aunque a la vez, se vaya y ese lugar es la familia y para Bianca han significado el entorno amoroso ideal para este sueño y concreción de su primer libro.
“Principalmente me acompañaron en todo esto mi familia, mis papás las personas que me apoyaron desde el principio y me motivaron a seguir escribiendo”, decía Bianca que posaba sus palabras para reflejar ese tiempo duradero por siempre en el recuerdo: “Mientras lo escribía sentía mucha emoción y también nervios a veces. Cuando lo terminé sentí orgullo porque era algo que nunca pensé que iba a lograr tan joven”.
Y con la mirada hacia adelante, sostenía: “Me gustaría seguir escribiendo y ya tengo algunas ideas para futuras historias”.
Bianca tiene 15 años. Tiene amigos, responsabilidades de colegio y disfrute de aulas también. Tiene su familia como paisaje bien lindo, tiene alegría de vacaciones, tiene seguramente también dudas y capaz algún día de mal humor porque la adolescencia tiene la capacidad de latir a ritmos espontáneos.
Y tiene palabras Bianca, muchas, y las escribe y las puso en fila, en hilera, para que dijeran lo que pensó mientras la historia crecía y se convertía en lo que ahora Bianca también tiene: su libro.





