Hasta el último momento… no hay un último momento para la memoria. Entonces, es un por siempre en cada quien que recuerda a su ser querido que luego de su tiempo en el Hospice Madre Teresa -Asociación Civil sin fines de lucro que brinda cuidados paliativos a personas en etapa final de vida-, recibe un abrazo eterno hecho misa, con la alegría del amor vivido y la certeza de ese amor, que no deja de ser latido en la historia que sigue.

Celebran, entonces, con luces. Con la Fe. Con la compañía. La “Misa de las luces”, un momento de encuentro en toda la amplitud de su significado, allí en la Casa de la Divina Misericordia que enarbola el amor por sobre todas las cosas.

“Pocas veces se comparte el fallecimiento de un ser querido con tanto amor, tanto consuelo, tanto acompañamiento. Es esta una celebración donde se reúnen un total inconmensurable de almas, todas presentes, todas latiendo”, decía Silvia López Arce -voluntaria de la institución- acerca de este hecho amoroso.

“En esta misa, desarrollada sensiblemente por el padre Lucas García de la Basílica y Juan Pablo Contempomi, quien trabajó de manera presente y denodada para darle vida a nuestro Hospice Madre Teresa, -y fundador del primer Hospice en la Argentina- y que fue coordinada por un nutrido grupo de voluntarias y voluntarios de la casa”, agregaba.

CERCA, SIEMPRE

El amor acerca. Aún con las despedidas, con la muerte. El amor vivido mantiene el vínculo, lo cuida, protege, nos sostiene también. Y una misa, a la calidez de las luces, hace lo propio.

“Vivimos, desde mucho antes del horario de inicio que era a las 19, un momento emocionante de reencuentro Momento de entrega para con quienes pasaron y nos permitieron acompañarlos en el tránsito final por esta vida, cada uno de los que fue nombrado amorosamente nos trajo del pasado, un presente. También fue momento de unión con familiares y amigos que dejaron huellas por los espacios afectuosos vividos, momentos de silencios, palabras, historias, risas, esperanza”, mencionaba desde su inmenso gesto amoroso Silvia.

Y añadía: “Es mucho más que una misa, es entrega mutua, es un permiso para seguir sosteniéndonos, es decir este es un lugar a donde realmente se llega a vivir de la mejor manera. Las velas que encendimos son luces que iluminan, que nos siguen guiando, que nos acompañan de manera calma. Son luces que acarician la vida vivida y susurran un ‘hasta que nos volvamos a encontrar’, así es”.

La tarde fue puente, entonces. Verse y recordar. Saberse con el patrimonio del pasado y llevar para el adelante, el amor de los seres queridos. La “Misa de las luces” en el Hospice Madre Teresa significa la inmensidad del amor. Significa el amor desde un grupo de voluntades hecho gente en una casa amorosamente cimentada, que saben del amor sin un “hasta”.