El frío de la tarde de agosto que se planta ante el paso de todos y como contrapuesta un cartel diciendo: ‘Corazones abiertos’… nada más cálido que esa imagen y esas dos palabras significando tanto. Nada más alentador que en medio del clima frío y el tiempo difícil, conocer corazones abiertos desde donde las manos se mueven para la tarea que se propusieron y que ya es cotidiana: la elaboración de productos de panadería que están siendo degustados por la comunidad lujanense y que les da el rédito indispensable: saber que pueden, desde sus manos, construir un camino posible para andar el hoy pensando en un mejor futuro.

Primero fue el merendero. Un lugar de encuentro con una taza alimentando infancias acompañada de algo rico para compartir, donde Claudia desde hace 7 años le pone espacio y tiempo para sus vecinos más necesitados. Y ahora, desde la propuesta de Guido Barrichi – del Movimiento Social por la República- esta panadería social que funciona en el mismo espacio -Martin Fierro 1455- de este barrio Americano, un emprendimiento que ya le viene poniendo olorcito a buen trabajo y sabor a logro. Por eso, la tarde, de agosto y fría, se sacude el estigma del almanaque y se abre cálida, dentro de esa vivienda donde Claudia y Daniel comparten familia y proyecto. Donde junto a Karen, Brisa y Marta aprenden a elaborar pan y facturas, pero también a demostrar y demostrarse que se pueden levantar ante los malos momentos, sabiendo que desde sus manos pueden trabajar para darle un mejor sabor al presente.

Allí entonces, a media tarde, encontramos a Guido Barrichi y Silvia Malmoria, apuntalando los sueños ya en pie de Claudia, Marta, Brisa, Daniel y Karen, quienes forman esta panadería social ‘Corazones abiertos’ a modo de cooperativa y transitando este tiempo de afianzarse para sumar participantes, trabajo y réditos económicos… sumados a los réditos sociales que ya alcanzaron.

Acerca del inicio de este proyecto, Guido nos contaba: “Traje la idea originalmente de La Matanza -yo soy referente del Movimiento Social por la República- y ellos allá cuando arrancaron su cooperativa -año 2001/2002- comenzaron haciendo pan en un galpón con un palo de amasar que ni siquiera era un verdadero palo sino un palo de escoba cortado a la mitad. Y salieron a vender para poder sustentarse en una época difícil del país encontrando una salida laboral. Esa iniciativa empezó a crecer y hoy es una cooperativa que tiene mucha llegada a los vecinos, dan además alrededor de 30 o 40 cursos en los que se han anotado 1300 personas, también tienen un ‘potrero digital’ junto a Campanella, la panadería tuvo hace poco la visita de Maru Botana que les dio la receta de un pan dulce, que se vende además para regalos empresariales con un diseño de embalaje a 500 pesos pero el mismo pan dulce está 50 pesos para los vecinos del barrio. O sea, la idea es que con el costo alto que pagan las empresas poder darle lo mismo a los vecinos y con el pan pasa igual”, decía Guido recordando que hace unas semanas trajeron a este espacio de Luján al maestro panadero que enseñó allá, quien aportó conocimientos e ideas.

“Les enseñó dos tipos de masas, con las que se podían preparar 10 recetas de salados, pero las chicas se engancharon y pudieron hacer más recetas”, señalaba y Claudia, la coordinadora de este merendero que hoy ya es sede de la panadería, nos contaba: “Corazones abiertos está hace 7 años, pero hace 2 años que quedó fijo. El barrio ya nos conoce. Y ahora empezamos a hacer facturas y estamos probando hacer pan. Tenemos clientes fijos con pedidos todos los domingos y como empezamos a hacer el pan, tenemos pedidos casi todos los días”, señalaba agregando: “Nos juntamos los sábados a las 6 de la tarde, si tenemos muchos pedidos ya tipo 16.30 estamos acá. Y terminamos cerca de las 11 de la noche y ya el domingo a las 3 de la madrugada, estamos listos para cocinar, darle el decorado, bañar los churros, lo que sea”, mencionaba en claro detalle de la ardua tarea pero con la alegría de poder llevarla a cabo junto a vecinas como Marta que es quien ya traía sus conocimientos en cuestiones de cocina y repostería.

“Hice cursos de todo, varios, tengo todos los diplomas, pero no me había especializado en facturas, pan sí, nos está costando la manera de cómo lo queremos hacer ahora, pero va encaminado”. Y Claudia retomaba: “Cada uno tiene algo que le sale mejor. Por ejemplo, Daniel hace las facturas más elaboradas y el trabajo más pesado. Karen se especializa en las cremonas, Brisa y yo nos dedicamos más a lo que es el pan, las tortitas negras, los alfajores de chocolate, Karen hace bizco-chitos salados. Y ahora nos están empezando a pedir tortas, budines”, decía y Marta mostraba orgullosa las fotografías de sus creaciones dulces, con sabores y decorados que han sido el eje de atención en diferentes festejos.

“Estuvimos en la Fiesta del Chorizo a la Pomarola que se hizo en Torres, vendieron mucho y la idea es tener una vez a la semana presencia en alguna feria y en algún momento tener clientes a quienes se les pueda vender al mayoreo”, remarcaba Guido para que Claudia acotara: “Esto empezó todo a pulmón, nadie aún ha cobrado nada pero ya nos estamos encaminando a nuestro primer sueldo, porque esto tiene la estructura de una cooperativa”.

Guido sumaba: “El proyecto hay que pensarlo de la manera más ambiciosa posible, para que por ejemplo los chicos del barrio que estén en situación más susceptible -como entrar en adicciones- puedan venir a la panadería a ayudar, que sea un espacio de contención también”. Y Silvia acotaba: “La gente tiene que conocer este proyecto, este trabajo social, para que conozcan desde donde surge este trabajo y poder articular con instituciones que por ahí tienen eventos y pueden contactarse con los productos que ofrecen desde este emprendimiento y contagiarlo, contagiar esto que no importa dónde te encuentres sino las ganas que tenés de progresar, que eso sea contagioso, sino siempre pensás que nos tienen que bajar todos los recursos y los recursos somos nosotros mismos. Hay que mostrar que acá se juntaron dos, tres, cuatro mujeres y tuvieron las ganas de hacer esto”.

Ingredientes, ganas y mucho por hacer

Agua, harina, sal, un palo de amasar… y ganas, motivación. Ganas de progresar. De dar el ejemplo a sus chicos de un trabajo digno.

“Hay que acompañar la motivación. Además…. son riquísimas estas facturas!”, decía Silvia y Marta manifestaba orgullosa: “Es una satisfacción cuando vemos lo que podemos hacer nosotras”. Y Brisa con sus pequeños hijos en torno a ella recordaba: “Cuando hicimos el pan la otra vez, saltábamos!”. Y con la alegría de esta tarea, la tarde de agosto se ponía dulce con la bandeja en el medio de la mesa, tentando con las más variadas formas de facturas…

“Daniel es el que hace el trabajo más pesado… no sabés lo que es hacerle el hojaldre a las facturas, es mucho trabajo y aparte la masa en un momento se pone muy pesada, yo la hice el otro día y ahí me di cuenta lo pesada y difícil que es trabajar con esa masa”, decía Claudia y nos contaba que Karen, que es la especialista en cremonas, no sabía hacerlas hasta que aprendió allí y además, es a quien le salió primero el pan.

“El fin de semana que hicimos masa para las facturas que llevamos a la fiesta en Torres, hicimos para 70 docenas, empezamos a las 5 de la tarde y sin terminar estuvimos hasta las 12 y pico de la noche, al otro día a las 2 de la mañana terminamos de amasar y cocinar. Ese día terminamos a las 7 de la mañana. Además esto es todo a mano, si tuviéramos una sobadora o una amasadora, pero no tenemos, es todo a mano por eso lleva mucho tiempo”, detallaba Daniel y todos coincidían en que con esas máquinas especiales sería más veloz y liviana la tarea, por lo que esperan conseguir con sus ventas los recursos económicos para adquirirlas y sumarlas a la cocina industrial y el horno hecho por ellos afuera.

“No tenemos gas natural, entonces la cocina industrial no tiene la fuerza que tiene por lo general, por eso armamos un horno afuera para poder agilizar y con eso solucionamos el tema de lo que tardábamos, cocciones que tardábamos de las 3 hasta las 9 de la mañana, las hacemos ahora en dos o tres horas”, decían y Guido señalaba: “La idea es que algunos de ellos puedan llevar estos conocimientos en forma de cursos para otros lugares. Este proyecto tiene también ese objetivo, que cada uno sepa que tiene la capacidad de enseñar”.

Y sostenían la premisa de contagiar esta seguridad de saber que no todo se tiene que esperar o pedir, que mucho puede surgir desde uno mismo. “Nosotros siempre miramos para el lado del poder salir, del progresar, siempre haciendo cosas para salir adelante vendiendo lo que hacemos, eso es muy satisfactorio. Y sabemos que si esto sigue creciendo, vamos a poder incorporar más gente de la que viene al comedor para trabajar en la panadería, porque vienen muchas chicas jovencitas y la idea es que aprendan y se sumen”. Y Claudia -que espera poder continuar con la construcción del espacio dedicado exclusivamente al merendero, recordaba algún hecho triste: “Pasó también que una agrupación política que nos había ayudado en su momento, como luego nos exigían ir a las marchas y demás, nos sacaron todo, hasta los cucharones, las tazas de los nenes… Lo que lloré… yo no hago cartel político, ellos pretendían otra cosa. Cuando dije que no iba a firmar papeles, vinieron y sacaron todo, me quedé sin nada, las mismas familias que venían al comedor traían sus ollas, cucharones, tazas… y bueno, así salimos, no me quedé sentada llorando. Después con Guido hicimos una pollada, rifas y pudimos comprar la cocina”, decía.

Y si hay algo que necesitan porque utilizan mucho es harina, margarina, levadura, huevos… “Es lindo que te ayuden a progresar, pero la cuestión es tener el sustento nosotros, que con lo que hacemos y vendemos podamos avanzar. Ya compramos por ejemplo también una balanza, todo sale del trabajo de la panadería. Así que todo sale de nuestro trabajo. No es que queremos que nos donen una sobadora, sino que quizás alguien pueda darnos la posibilidad de pagos, una panadería que por ahí la haya cambiado y tenga otra en desuso, como también bandejas, poder comprárselas”, afirmaba Daniel y se mostraban abiertos a la posibilidad de recibir a quien quisiera ofrecer allí un curso de repostería, por ejemplo, para continuar capacitándose.

Y mientras Marta relataba los diversos catering que han realizado con su hijo Daniel, ya que ambos tienen cierta trayectoria en restaurantes, Claudia remarcaba: “Esperemos que realmente sigamos avanzando, le hemos puesto mucha dedicación, sin dormir, Brenda dejando a sus bebés, Karen que se va al campo viene, Daniel que a parte de su trabajo se pone a amasar… yo atendiendo el comedor y mis chicos y también esto. Bueno, son sacrificios que hay que reconocer y lo bueno de esto es que realmente es un grupo, todo se comparte, todo se consulta”.

“Entre todos es más fácil”, sellaba Marta y Guido decía: “Esto tiene un tema de inclusión, de capacitación, de contención, es mucho más allá que perseguir un tema económico, esto tiene aristas que van más allá de eso, es un proyecto muy ambicioso en ese sentido, obvio que en el sentido comercial también, pero en el social es muchísimo más ambicioso”.

Ya han iniciado el expediente correspondiente para que la actividad sea legal de punta a punta. Para tener toda la habilitación requerida y poder estar presentes con sus exquisiteces en diferentes lugares y darle sabor a este deseo de estar mejor en la vida. Ya tienen una factura con forma de molinito que es todo un sello del emprendimiento, mientras se viene el innovar con la elaboración de un alfajor, y continúan amasando sueños y moldeando la esperanza, cociendo esas masas que llevan el sabor indiscutido de la dignidad de las manos que trabajan.

Nota: Lili Ricciardulli