Las colas batiendo en molinillo anuncian la alegría. Las orejas captan el idioma reconocido del ladrido y esos hocicos perspicaces saben hacia dónde seguir el rastro para dar con el objetivo: un par. Uno de su especie. Ese otro que ladra y olfatea y pone huellas en el pasto que los junta para el juego. Ese momento, es único. Y felizmente, a la vez, se repite. Y se crea y se vive cotidianamente porque hay otros de otra especie que lo propician. Que lo sostienen a todo amor con otro lenguaje pero el mismo sentir de la alegría.
Hay perros en el parque jugando y hay gente en ese mismo parque que los ve jugar y en eso, está el disfrute compartido. Ver jugar a un perro acaso sea parte de las postales más lindas de la vida. Visto desde el lado de la gente que tiene perros protagonistas en su historia. Como ellos, la gente que cada día llega al verde con la piel emocionada por los de pelaje que tanto quieren.
Y desde hace un tiempo y como los encuentros después de haber sido casuales y espontáneos ya están organizados, conformaron un grupo que crece: La Manada de Luján. Gente que lleva a sus perros a pasear, jugar y encontrarse con otros perros, en el Parque San Martín.
A LA HORA SEÑALADA LADRIDOS FELICES
Kenai corre al viento con su pelaje dorado. Es un Golden Retriever pero eso no le da chapa ni privilegios porque se revuelca a pleno charco con sus amigos los Border Collie, los salchichas, el negrito mestizo, la Boxer, el blanco y marrón, la barbucha, el de patas cortas, el de orejas largas. Como sean, son perros y por ende, hermosos.
“Los encuentros comenzaron a partir de junio/julio de 2025 y empezamos siendo tres personas” nos contaba Agus, que se autodenomina “la mamá de Kenai” ese perro de mirada buena en la corpulencia de su raza. Agustina Bettiol, propulsó los encuentros sumando gente que llevaba a pasear al espacio público Parque San Martín, teniendo en un principio el objetivo de ser más participantes y luego, observando las diferentes necesidades materiales que se requerían en el entorno.
“Muchísima gente se acerca al parque sin perritos, nos preguntan un montón de cosas, si somos adiestradores, si es una escuela. Mamás han dejado a chicos jugando con los perros y hay personas que incluso se sientan a propósito en lugares donde saben que los perros van a ir a saludarlos” contaba con la satisfacción de poder compartir esos momentos y sabiendo también de los derechos de la gente y los animales en el momento de la convivencia.
“El grupo es abierto, claramente, porque nosotros queremos que se sume la mayor cantidad de gente posible, lo único que pedimos es que si su perro es socialmente agresivo, no lo lleven, sinceramente creo que va en uno el tomar la decisión de no llevarlo, de primero llevarlo a adiestrar, ver cómo convive con otros perros, así que esa es la única condición. Y si alguien está interesado en contactarnos, puede hacerlo al Instagram -@La Manada de Luján- o a mi teléfono particular 2323 338389. Normalmente añadimos al grupo de WhatsApp a la gente que va más seguido, por ahora somos entre 40 y 50 personas que somos como los que vamos todos los días”, decía Agus detallando que en estos tiempos de temperatura elevada, los encuentros comienzan mayormente a las 18, 18:30, 19, todos los días, señalando además que la fraternal actitud de los perros ha hecho que también el grupo de personas construyera lazos de amistad, teniendo la base que los une: el infinito amor por sus animales.

UN ESPACIO MÁS CÓMODO
El Parque, público. El derecho universal de utilizarlo. El deseo de tener comodidades y el sentido común para compartir el lugar. En todo eso piensa la gente de “La Manada de Luján”, que ya fue visitada por autoridades municipales para un intercambio de ideas y pedidos.
“En el Parque hay muy pocos bancos pero lo que más necesitamos es un canil -que tanto venimos pidiendo- para que los perros puedan estar sueltos ahí sin que nosotros estemos con miedo de que se puedan escapar, porque el tema de la calle nos da mucho miedo, así que ahí estarían seguros. Y además también quisiéramos contar con más bebederos, más tachos de basura y también más bancos, ya de por sí en el Parque hay pocos bancos así que estamos viendo si fuera posible todo eso” mencionaba Agus que vive la experiencia de compartir el amor por su Kenai reflejada en la experiencia de todos los demás integrantes del grupo con sus queridos perros.
“Es algo que nos atrapa mucho. No solo a nosotros, sino a nuestros animales. Yo lo veo desde mi caso que los encuentros son super esenciales, mi perro Kenai fue a sus 3 meses como el que inició el grupo y la verdad es que él lo necesita, me demuestra que quiere ir con el grupo, a veces lo saco solo y aunque le llevo su pelota y su premio, llora buscando a los demás, él espera encontrarlos. Lógico que juega solo pero no es lo mismo cuando ve a sus amigos, le cambia hasta la cara. Ellos necesitan cansarse, esperan su hora de juego, es su tiempo, su momento. Además nosotros queremos llevarnos bien entre todos porque compartimos el amor por los animales” y la receta, la fórmula, la manera es esa: el amor. El poder brindarle al otro lo que necesita y que en esa entrega, esté también el propio disfrute. Los perros felices, su gente, también.
“La Manada de Luján” se encuentra cada día en el Parque San Martín. Es gente construyendo un momento de alegría para sus perros y son perros que sin saberlo, le construyen un momento de alegría a su gente. Un ida y vuelta que ojalá, fuera la manera universal de la convivencia.





