El frío solo está en las aguas. El frío no envuelve el recuerdo de 44 argentinos que no volvieron. El frío solo puede estar en protocolos, en decisiones de escritorio, en tiempos burocráticos. El frío está también en lo que imaginamos cuando hablamos de un submarino y en el sur. Esas postales le ponen el acento que tirita y que es real.

Pero hay un calor que también se siente cerca aunque los años alejen fechas y las fotografías familiares se pierdan en las memorias de los celulares, porque ese calor se aferra a la otra memoria –la verdadera- para que siga alentando el amor por los que no están y para que siga en constante ebullición la historia, las dudas, las certezas, los olvidos de olvidadizos, los gestos de abandono, lo que se hizo, lo que no, lo que se pudo hacer, lo más que se hubiera podido hacer… todo lo que conforma este hecho que marcó a los argentinos: la desaparición del submarino ARA San Juan, con sus 44 tripulantes, en las aguas del sur de nuestro país con quienes aquel 15 de noviembre se mantuvo el último contacto.

Luego, la historia que vivimos desde las pantallas televisivas, esperanzas, posibilidades, desilusión, nuevamente certezas, ayuda, tareas, intentos, lo que se dijo, lo que no… y los 44 que no volvieron. Y los 44 que son 44 banderas celestes y blancas que flamean conteniendo el frío de las aguas del sur… pero el calor de la memoria que los acompaña desde tierra, siempre.

Y en medio de aquel episodio que al día de hoy sigue siendo una tragedia con puntos no resueltos, un joven tandilense que movido por su Fe, se puso en aquel momento a disposición de familiares para dar testimonio de lo que desde su práctica de la videncia sentía. Y hoy, en este noviembre y luego de 3 años del triste hecho, llegó a nuestra ciudad en bicicleta, como promesa de enarbolar la bandera de la memoria, la verdad y la justicia por los 44 tripulantes…

“Cumplir una promesa, hacer esta demostración de Fe, hacer un cierre también con respecto al tema del submarino… a los familiares como a Gabriel Atis –Jefe Capitán de la base naval de Mar del Plata-, les comenté en su momento que iba a hacer esta especie de promesa a la Basílica de Luján, porque los tripulantes me pidieron hacer esa promesa por ellos, porque ellos no pudieron”, contaba a LUJANHOY Alejandro García en la noche del sábado 14 de noviembre y en medio de un momento de descanso en una parada en la localidad de Las Flores, desde donde continuarían sus giros de ruedas para llegar a Luján.

“Se pudo revelar que ellos le rezaban la Virgen de Luján”, sostenía Alejandro, para entonces organizar y ponerse en plena concreción de su misión de llegar a los pies de la Basílica al cumplirse tres años de la última comunicación de la embarcación con la base naval (15 de noviembre). Así que por ese recuerdo y ese pedido de memoria y justicia, las bicicletas rodaron por Tandil, Rauch, Las Flores, San Miguel del Monte y Cañuelas para terminar el recorrido en Luján, recorrido que fue apoyado en logística y prensa por Agustín Zabala, director de FM Cuarto Creciente de nuestra ciudad.

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La historia de Alejandro y de su promesa de llegar en bicicleta desde Tandil a Luján, se remonta desde su participación en la búsqueda del submarino desaparecido en el año 2017.

El domingo pasado, 15 de noviembre, se cumplieron tres años desde el último contacto con la tripulación del submarino argentino. Entonces, “este motivo del viaje es por la memoria, la verdad y la justicia de los chicos, hay muchas cosas que se tejen de por medio y la verdad tiene que salir a la luz y se tiene que dar a conocer no solamente por los familiares que necesitan saber qué ha pasado, sino saber la información que se está ocultando y también es el pueblo argentino el que merece saber la verdad, qué pasó con los chicos, los tripulantes del ARA San Juan. Unos días después que se da conocer públicamente la explosión e implosión del submarino, a mi algo me llegaba diciendo que no era de la manera que lo estaba dando a conocer la prensa por medio del vocero de la Armada Argentina, que en su momento era Enrique Balbi. Eso no coincidía con mi relato. Entre ese 26 y 29 de noviembre estando en la casa de mi abuela Julia en Tandil donde vivimos, en ese momento estaban mostrando por televisión la información y yo, que soy muy devoto de la Virgen de Luján, he tenido señales de ella cuando era más chico, siempre me ha sabido responder de alguna manera. Y recibo una encomendación de la Virgen que yo tenía que estar en la base naval de Mar del Plata, que tenía que dar a conocer un montón de información que luego se trató de manipular y ocultar. A todo esto llega el 29 de noviembre, viajo a la ciudad de Mar del Plata, me encuentro en primera instancia con Marta Vallejos, hermana de Celso Oscar Vallejos, ellos me aguardaron, estuvimos hasta el amanecer charlando, había 4 o 5 familiares de los chicos, en ese momento les comenté algunas cosas y bueno, algunos creerán o no, yo les manifesté que ya en otros momentos había desarrollado ciertas percepciones o ciertas facultades psíquicas. Desde ese momento se me da a conocer en la prensa oficial como el ‘vidente tandilense’ que estaba acompañando a los familiares del ARA San Juan. fui el que dio a conocer las coordenadas exactas del submarino, la profundidad y ubicación en la que estaba”, recordaba.

Y en esa línea, agregaba que “me escucharon, los familiares me pidieron que me acercara a la base Naval de Mar del Plata. Ya en diciembre sigo en Mar del Plata, durante todos esos días comienzo a pedirle a los familiares que nos unamos, que le hagamos oraciones a la Virgen de Luján para que ellos pudieran regresar pronto, que estuvieran con vida, que pudieran hacer supervivencia lo más que se pudiera. Ahí fue cuando nos juntamos en la casa de la mamá de Celso Oscar Vallejos”, relataba Alejandro con una descripción perfecta de datos y fechas en un extenso relato que hemos sintetizado pero que deja en claro la compenetración con el tema del joven de 29 años, oriundo de Tandil, que hasta lo llevara a ser parte del viaje de familiares realizado hacia la zona del hecho.

“Luego de firmar permisos militares, fui embarcado en el ARA Sarandí destructor 13, buque de guerra de la Armada Argentina. Esto fue entre el 9 y 19 de febrero de 2018, en Puerto Belgrano, así que viajé con familiares”, decía nombrando a Noelia, Vanesa y Fernanda, esposas de tres tripulantes con quienes compartió la travesía.

“Hubo puntos que se detectaron pero no fueron dados a conocer a la prensa, en ese momento se dio a conocer que se habían detectado dos cosas que no eran competentes con lo que era el submarino. Se dijo que no eran algo metálico, que podían ser ballenas. Pero en realidad por medio de mis canalizaciones y la videncia, se pudo certificar que habían contactos. Como nosotros formamos parte de lo que es el equipo, la tripulación nos explicaba cómo se trabajaba, qué ruidos se escuchaban cuando se detectaba algo metálico, así que entre ese 9 y 19 de febrero hubo golpes metálicos y eso no se dijo, cuando lo dijimos nosotros hubo gente en Mar del Plata, nos preguntaban por qué no la brindaban directamente desde la Armada desde Puerto Belgrano. Hubo mucha infiltración con el tema de información y se ha dado a conocer o lo que se ha podido o lo que han querido, así que la Argentina, los familiares, se hacen muchos cuestionamientos, ya que estamos hablando que los chicos dentro del submarino no están”.

Y mencionaba instancias de protocolos, de colaboraciones de países que quisieron participar de la búsqueda, de los que así lo hicieron, de los que no y en el medio el paso del tiempo: “Yo fui la persona que entre 11 y 13 días después de que se da a conocer el último contacto con el submarino argentino, le revela a los familiares que el gobierno sí estaba sabiendo la ubicación del submarino, que en realidad estaban ocultando todo tipo de información… algo que no salió en la prensa, nunca fui escuchado”.

Alejandro, entonces, con su devoción a la Virgen de Luján, con su participación como el “vidente tandilense” en los momentos tristes de la desaparición del submarino, con su permanente contacto con los familiares de la tripulación -de los cuales fue el apoyo espiritual-, con su viaje al sur como parte de la comitiva oficial a bordo del buque Sarandí, con su videncia como ejercicio y sentir… llegó a Luján en bicicleta con un amigo ciclista, para traer a los pies de Nuestra Señora de Luján el sentir que no cesa. Ese que desde la espiritualidad, las creencias y la concreción de la ausencia de esos 44 argentinos pide por la memoria, la verdad y la justicia de ese frío de las aguas que son calidez del recuerdo por siempre.