Con las modificaciones lógicas del paso del tiempo, con la fatalidad imprevista del Covid, con la cuarentena que rompió todo espacio de abrazo, con la incertidumbre del proceso de convivir con la amenaza del virus, con la realidad económica agravada, con todo eso y ante todo eso, no se modificó ni se destruyó ni se detuvo la solidaridad.

Por eso, Gabriel De Cunto continuó y continúa pensando en sus vecinos, a pleno barrio Americano, ahí donde muchas familias necesitan desde lo mínimo que suele ser tan importante para pasar dignamente los días.

Gabriel le dio forma y actividad al Comedor Americano, con la enorme tarea de ofrecer las necesarias viandas a las familias en situación de vulnerabilidad. Pasados los años y con la llegada de la Pandemia, la actividad dejó de tener el formato originario pero este vecino comprometido no se alejó de su tarea: ayudar cada vez que fuera posible.

Y en estos momentos, cuando el inicio de clases está cada vez más cerca, hay otra urgencia: mochilas, guardapolvos, zapatillas, útiles escolares. Nuevos o usados. Todo es útil y será muy bien recibido.

Puente de solidaridad

Estos son los precios de las mochilas imposible pagarlas, necesito ayuda para seguir ayudando” pedía Gabriel luego del recorrido por comercios locales.

Ofreciendo su tiempo, su tarea, el corazón y la mirada empática, Gabriel De Cunto es el referente del Comedor Americano, que por estos días funciona sin regularidad, pero con la predisposición intacta para ser puente entre quienes pueden donar y quienes necesitan recibir esa ayuda.

“Para darle un poco más de forma a esta campaña de ayuda, la organizo desde el Comedor Americano. El tema de la Pandemia me frenó un poco, como nos pasó a todos. Entonces, a partir de la Pandemia, lo que seguí haciendo es tratar de continuar con la ayuda pero, por ejemplo, mis amigos o la gente de comercios me llamaban y me decían que tenían tal o cuál cosa. Entonces, yo lo repartía directamente a las casas, a partir de ahí no hubo un día fijo de vianda. Lo que hago es, en fechas puntuales como Día de Reyes, Navidad, Día del Niño, organizar donaciones. Por ahí en cualquier momento tengo una donación y les aviso, por ejemplo, que el sábado al mediodía hago unos chorizos que me donó la familia Garde o tengo carne o cajas de alimentos que me donan y hago eso, va surgiendo la ayuda y organizo esas entregas”, mencionaba Gabriel acerca de cómo se ha ido reestructurando la tarea del Comedor barrial.

Y sobre el pedido puntual de donaciones para los chicos en edad escolar, decía: “Cuando viene el inicio de clases hago una juntada de útiles, de guardapolvos. Mucha gente me dice que vaya a Ayuda Social, he ido, sí, pero hay vecinos que no tienen movilidad, no conocen cómo se hacen los trámites, no se dan cuenta, o van y esperan horas. Yo atiendo gente que es muy marginal, que no salen de sus casas, no van a ningún lado, los chicos andan por la calle, van en ojotas a la escuela porque no tienen zapatillas y a veces si van en distintos horarios a la escuela se van cambiando entre unos y otros las zapatillas por las ojotas. Tampoco tienen útiles, mochilas, carteras, algo para llevar a la escuela. Yo los veo, van con bolsitas donde llevan lo que tienen. Esas familias apenas pueden comprar comida, menos van a comprar un guardapolvos o mochila, por eso todos los años junto guardapolvos, útiles, hay gente que los regala, entonces organizo eso”.

En esa línea, señalaba la realidad desde la tristeza de lo desigual: “Fui al centro, ví los precios y claro… una familia con cuatro chicos cómo hace para comprar mochilas de 22.000 pesos. No pueden, de ninguna manera. Por eso, si hay gente que tiene la suerte de poder cambiar la mochila, bueno, esa usada en lugar de tirarla la puede donar. A eso apunto yo, no a cosas nuevas porque nadie me va a poder comprar mochilas nuevas, en su momento venía gente y ayudaba con cosas nuevas pero ahora la situación económica hace que esa gente tampoco pueda. Así que decidí hacer esto. Igualmente, más allá de esta campaña de útiles, sigo juntando mercadería, la gente que me quiera ayudar bienvenido sea, lo que me dan lo reparto, soy un intermediario entre la gente que dona y la gente que necesita”.

Y remarcando que ante un llamado por donaciones él se acerca para retirarla, compartía su número telefónico: (2323) 332045.

Un llamado que contenga la posibilidad de un par de lápices que pinten un día más lindo. Un llamado que ofrezca una mochila para cargar útiles y sueños. Un llamado que sea esperanzador como los días de escuela. Un llamado, el puente solidario que es Gabriel y la ayuda puesta en las manos de quien y quienes tanto la necesitan.