Terminará siendo esto una crónica de la emoción. Un contar queriendo cantar. Un compartir desde la grada lo visto y escuchado, para que siga la música de esa noche, en este después, sonando, así como la hicieron sonar desde la escena, la gente de “Después de todo”, la banda que deja en claro el mensaje de la música: en cualquier tiempo, a todo momento, desde el almanaque de antes, en el hoy, para los días que vienen, para uno mismo, para otros, para dos o tres, para muchos. Vivir música.
Así lo han creído y concretado quienes integran la banda: Pedro Deluchi, Denise Coria, Gabriel Goldberg y Pancho Delvechio, músicos que vienen con caminos de canto, cuerdas, parches, palillos, micrófonos, letras, arpegios, adolescencias de ritmo y que ahora, en continuidad o retomando, están en la música juntos, dándole sonido a “Después de todo” con la bandera del rock y el blues como géneros musicales que hacen flamear en sus ensayos, en sus presentaciones y en sus días.
Después, ahí
Después del tiempo individual de cada uno, con sus vivencias cotidianas en la música, se reencontraron los que se conocían, se encontraron los que no, tal como había adelantado LUJANHOY en una entrevista realizada previo al show.
Y “Después de todo” fue el lugar para volver a hacer música o para sumar más música, a la par y con la esencia de los grandes artistas de la escena musical de nuestra historia, acompañando el repertorio de covers con las dignísimas canciones de autoría de la banda, que se lucen en la voz de Denise, que encuentran el camino del tiempo en la batería de Gabriel, que se llenan de sustento rítmico desde el bajo de Pancho y que se te suben al medio del pecho con la guitarra de Pedro.
Ah, y si además se une Malena para hacerte titilar el corazón en cada tecla, todo se hace eso, justamente, todo música.
Y así fue la noche del 1 de marzo en el Teatro El Galpón, cuando la banda “Después de todo” convocó y la respuesta fue espacio lleno, mucho rock y mucho blues, que anduvo por temas como “Rock and roll y fiebre” de Pappo, con el que abrieron el repertorio, para subyugar al público con la estética individual y en conjunto y el acertado ida y vuelta en palabras justas, alguna broma, pasajes de recuerdos de días compartidos, confidencias de escenario que sumaron sin opacar lo que realmente ahí estaban haciendo: música.
Esa música que siguió con covers de Manal “Blues de la amenaza nocturna” o la intensidad de “Hundiéndome en la oscuridad” de otro baluarte del rock nacional, Claudia Puyó, que Denise -la vocalista de la banda- supo hacer lo propio para que sonara tan tan bien como sonó.
Y más canciones como “Blues del croto”, “Reflejos”, “Sin cuentos”, “Solar”, “Dados”, “Otra bandera”, “Sueño blanco” por entre otras, autoría de la banda, que por si fuera poco se dio el lujo de contar con músicos invitados en diversos temas como Hernán Valencia en teclados, Male Deluchi -invitada casi permanente- también ante las teclas y el reconocido guitarrista Hernán López de Opacúa -para todos ‘El Pink-, que puso a mil latidos por segundo esa guitarra al mismo tiempo que el público no pudo más que dejar bien permeable la piel y que pasara para adentro todo lo que hicieron desde el escenario.
Así que no solo a todo oídos, sino a toda piel, la gente vivenció una noche de festejo por lo que nunca en estos artistas desapareció. Ni lo hará. En el tiempo que sea. Porque sin más vueltas, la música es necesaria, después de todo.





